GUMERSINDO SILVA: DE LA CAMPIÑA GALLEGA A RAWSON Y LA MESETA PATAGÓNICA

“Nací en una aldea de Galicia llamada Rebón de Arriba, que pertenece al ayuntamiento de Moraña, provincia de Pontevedra. Durante mi infancia vivía con mi madre, abuela y dos hermanos. Mi familia trabajaba en el campo y comía lo que producía”.

La historia de Gumersindo Silva tiene a ese escenario de la actual comunidad autónoma de Galicia y a esos recuerdos de sacrificio y necesidades como inicio hace más de ocho décadas. Por entonces eran inimaginables los hechos posteriores que lo llevarían a la lejana Patagonia y a una pequeña capital de provincia que lo recibió en 1956, tras una escala en la ciudad de Buenos Aires.

Reconocimiento en su pueblo natal en 2015.

Desde su actual residencia en esa misma capital chubutense, en la primera casa que construyó y en la que siempre mantuvo como propia, este gallego emprendedor y exitoso, que incursionó en diferentes actividades, tiene hoy palabras de reconocimiento: “Me considero vecino de Rawson y estoy muy agradecido al pueblo de esta ciudad y de la Patagonia en general, en donde recibí tanto apoyo en todos mis iniciativas”, afirma, sin olvidarse de dar también gracias “a la música, que fue la excusa para llegar a esta tierra”.

Personalidad destacada de la colectividad hispánica en 2017.

Su trayectoria tuvo recientemente un reconocimiento de gran significación. A propuesta del Centro Español Social y Mutual de Rawson, aprobada como parte de un conjunto de 37 nominaciones del resto de las provincias patagónicas, el 96° Congreso de la Federación Regional de Sociedades Españolas, celebrado en Carhué (Buenos Aires), le otorgó la distinción de “Personalidad Destacada” de esa colectividad, recibiendo el diploma respectivo durante un encuentro celebrado en la sede de la mencionada entidad capitalina.

Una vaca oportuna

Reencuentro con los integrantes de su primera agrupación musical en Galicia.

“El trabajo del campo no me gustaba. Así fue que convencí a mi madre para que me dejara ir a aprender música, pensando en una salida laboral. Ella, con mucho sacrificio, tomó una decisión. Vendió una vaca y ello permitió comprar el instrumento. A partir de ahí formé parte de la banda del ayuntamiento”.

Corrían entonces los años de mediados de la década del ’40 y un quinceañero Gumersindo se alejó de su pequeña aldea y se radicó en la capital Pontevedra. El objetivo era ingresar en una orquesta y aprender el oficio de zapatero. “A los 17 años puse la primera zapatería de compostura de calzado en aquella ciudad, pero después de siete años decidí emigrar a la Argentina”.

Recuerdo de su último viaje al pueblo natal en Galicia.

A esa tierra natal, retornó en varias oportunidades. A pesar del inevitable crecimiento y la transformación de las costumbres, su aldea natal, una de las nueve parroquias que integran el Municipio de Moraña, conserva las sencillas formas de vida y trabajo de su período de infancia. Hace dos años, sin embargo, se produjo una visita especial para responder a una invitación ineludible. El 21 de marzo de 2015 se cumplió el 70° aniversario de la Fundación de la Banda de Música Lira de Moraña, aquella primera agrupación que integró Gumersindo Silva. Allí se reencontró con algunos de sus compañeros de aquellos días y participó de un concierto con los antiguos y actuales músicos, en una emotiva experiencia que guarda como sus mejores recuerdos.

En Buenos Aires

 El viaje inaugural hacia la Argentina es evocado hoy con estas palabras: “Para emigrar en mis tiempos de muchacho teníamos que poseer “una carta de llamada” y yo tenía a mi padre en La Plata. No lo conocía prácticamente dado que emigró cuando yo tenía 5 años. Al llegar a Buenos Aires me incorporé a la orquesta de unos amigos. Tocábamos en la confitería “Cabildo”, ubicada en Corrientes y Esmeralda, de lunes a viernes. Los sábados lo hacíamos en “Sábado de Radio” y los domingos en fiestas del Centro Lucense, el Club Comunicaciones y el Centro de Almaceneros. También conseguí trabajo en Grimoldi, la fábrica de calzados”.

Otro imagen del reencuentro con los músicos de su pueblo natal.

Gumersindo reseña aquellos primeros hechos en tierras argentinas a partir de su llegada a Buenos Aires el 13 de noviembre de 1954. Dos años después, sin embargo, se produjo un cambio fundamental. “El 31 de agosto de 1956 me embarqué hacia la Patagonia. La decisión se dio cuando un día estábamos actuando en la confitería “Cabildo”. Se nos acercó un señor y nos ofreció venir a Chubut, dado que se iba a convertir en provincia y necesitaban conformar la Banda de Música de la Policía. De los diez integrantes de la orquesta, el único que acepté fui yo”.

Nuevamente al mar

“El buque que nos trasladó se llamaba “Le Mer”. Llegamos a Puerto Madryn el 15 de septiembre de 1956, a las 7 de la tarde, luego de quince días de viaje. Allí nos esperaba una camioneta de la Policía y nos llevaron a Rawson. Al llegar nos recibieron el Jefe de Policía y el gobernador a cargo, capitán Raúl Sidders. Chubut se hizo provincia recién un año después y el primer gobernador fue el Dr. Jorge Galina, en 1958”.

Gumersindo Silva (tercero a la derecha) con otros miembros del grupo Florida Jazz.

La reseña de Gumersindo Silva recuerda al respecto los primeros músicos llegados en aquella oportunidad. “Fuimos Salvador Baggieri (director), Cándido Alvarado, Rodolfo Buján, José Sanpedro, Aníbal Coria y yo. Luego fueron agregándose músicos hasta llegar a 35 integrantes. La Banda sonaba muy bien. Como residencia nos asignaron la antigua Cárcel de Mujeres. Allí estuvimos un año”.

La Madrileña

Gumersindo y su saxofón.

“A través de la música -agrega- tenía mucha relación con el colegio de curas y noté la carencia de un taller de compostura de calzado. Es por eso que alquilé un pequeño salón al Sr. Macías en la Calle Moreno y ahí empecé como zapatero. Con los curas trabajaba un señor haciendo la restauración de la iglesia y él fue quien le puso el nombre al local. Se llamó “La Madrileña”, dado que me regaló el cartel con ese nombre”.

“Al taller de compostura le empecé a agregar venta de calzado nuevo y la aceptación de la clientela creció tanto que compré un terreno. En diciembre de 1963 nos estábamos mudando al primer local propio. En 1966 adquiero tres espacios más haciéndome cargo de un concurso de acreedores de locales de venta de calzado en Trelew, Puerto Madryn y Gaiman”.

La primera sede de La Madrileña sobre la calle Yrigoyen en Rawson.

“A partir de ahí, sigue la expansión en Capital Federal con depósito y locales en Comodoro Rivadavia y Esquel (Chubut), Caleta Olivia y Río Gallegos (Santa Cruz), Tigre (Buenos Aires, Viedma (Río Negro) y hasta en Punta Arenas (Chile). En la actualidad se cuenta con 19 locales comerciales en toda la Patagonia”.

Otros emprendimientos

La actividad empresarial de Gumersindo Silva tomó con los años otros rumbos y, en su narración, menciona a Pelesur, un fábrica de curtido de pieles ovinas  en el parque industrial de Trelew, “que llegó a tener 435 empleados y exportaba productos terminados a EE.UU.” También incursionó en chacras y campos. “Con referencia a las primeras, hicimos trabajos de sembrado en la meseta con el asesoramiento del INTA, a través del ingeniero (Juan José) De Lillo. Con ello se demostró que, a pesar del aspecto de aridez, la tierra es muy buena para la producción. Necesita simplemente agua. En la primera siembra de avena y alfalfa causaba sensación venir por la ruta 25 y encontrarse con ese oasis verde”.

Socio fundador

Con “Coco” Conde y Raúl Piacenti, otros socios fundadores del Rotary Club de Rawson.

Gumersindo no olvida a “una importante casa de artículos de electricidad llamada “Satec” que tuvo en sociedad”, pero también dedica un importante espacio a sus recuerdos vinculados al plano social y deportivo de Rawson. “Fui socio fundador de la Cámara de Industria y Comercio, el Aeroclub, el Rotary Club y el Círculo Social. Participé también de la comisión directiva del Club Bigornia y, en Trelew, de la comisión directiva del Club Huracán”.

 

En el Aeroclub De Rawson (primero a la izquierda)

Aquellas instituciones signaron una dinámica y añorada etapa de la vida de Rawson, que parece muy lejana. Y esa marcada diferencia que se observa en la actualidad no ha permanecido ajena a las preocupaciones de Gumersindo Silva. “Duele un poco ver en estos días el estado de nuestra ciudad, pero no dejo de tener esperanzas de que retome aquella etapa de crecimiento”, dice hoy a los 86 años.

Publicación en el diario Jornada del 26 de marzo de 1966.

“Esta es mi pequeña historia”, afirma como colofón de la charla. Los pormenores de su trayectoria, sin embargo, desmienten tal calificación. La historia de Gumersindo Silva no tiene esa dimensión ni por aproximación. La rápida reseña, rica en acciones, proyectos y realizaciones, que hizo sobre su itinerario de vida, desde su Galicia natal a la lejana Patagonia, así lo certifican. El acompañamiento popular, hecho público recientemente por la propuesta del Centro Español de Rawson, avalan el reconocimiento y lo convierten en una personalidad destacada de toda la ciudad y la zona.

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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