QUEMUENSES EN LA RUTA LIBERTADORA DE SAN MARTIN. Un recuerdo de hace doce años.

cruce-de-los-andes-3Seis quemuenses realizaron hace doce años, entre el 10 y el 16 de enero de 2005, el Cruce de los Andes a lomo de mula. Fue junto a otros 150 argentinos que se sumaron a la iniciativa de la Asociación Sanmartiniana – Cuna de la Bandera de Rosario en homenaje al hecho histórico protagonizado por el General José de San Martín y sus soldados libertadores en 1817. Héctor Gambarini, Marcelo, Martín y Clara Albizu, Ariel Ramos y Pablo Urcola representaron al Centro Gaucho “Fortín Pampa” de Quemú Quemú. Sus vivencias quedaron reflejadas en el diario La Reforma de General Pico, edición del domingo 6 de febrero. En estos días en los que se recuerda el bicentenario de aquella proeza sanmartiniana me pareció bueno también recordar, con admiración, esta realización de gente de nuestro pueblo. Acá va el texto completo de la nota periodística con las imágenes fotográficas correspondientes de aquel séptimo cruce andino.

Un grupo de quemuenses. EL CRUCE DE LOS ANDES
cruce-de-los-andes-1En la vecina localidad de Quemú Quemú un grupo de intrépidos vecinos vivió una experiencia inédita: cruzaron los Andes a mula. Héctor Gambarini, presidente del Centro Gaucho “Fortín Pampa” y uno de los osados viajeros, nos relataba así sus peripecias.
Nosotros todo los años, hacemos y organizamos desde el “Fortín Pampa” una cabalgata en el mes de agosto. Hace dos años que veníamos averiguando las posibilidades de realizar este viaje histórico que prepara la Asociación Sanmartiniana – Cuna de la Bandera, en Rosario pero los cupos son limitados.
Luego de hablar con los organizadores y contarles un poco de dónde éramos, que sabíamos cabalgar y teníamos cierta experiencia en convivir con la naturaleza, tuvimos la oportunidad.
Viajamos seis personas de La Pampa, Marcelo, Martín y Clara Albizu, Ariel Ramos, Pablo Urcola y yo. El viaje duró desde el lunes 10 de enero hasta el domingo 16 y fue una experiencia muy linda, pero no para que la puedan realizar a lo mejor una institución particular o agencia de turismo, porque se requiere mucho apoyo de parte del Ejército y Gendarmería.
El grupo que subió por los Andes fue de 150 civiles, más 15 ó 16 suboficiales del Regimiento que apoyaba a los expedicionarios y todo un equipo de apoyo al Regimiento que consistía, en ambulancias enfermeros, cocineros, herradores para las mulas, etc. Dentro del grupo de expedicionarios, como ellos nos llaman, iban 50 damas y el resto todos hombres y algunos jóvenes.

El viaje

Llegamos el lunes a las 7.30 de la mañana al punto de largada en El Plumerillo, lugar histórico donde San Martín formó su ejército. Después de una clase de historia y algunos actos en homenaje al General San Martín, partimos hacia la estancia “Canota” donde se encontraban todas las mulas del Regimiento.
Almorzamos allí y por la tarde nos instruyeron sobre el ensillado y manejo de las mulas. Al día siguiente, a las 6 de la mañana, todo el mundo en movimiento para partir.
escaner_20161001-3La subida se hace todo en mula. Se utiliza este animal porque de otra manera sería imposible cabalgar por allí, los caminos son todos en senda, piedras y partes de cornisa.
No se puede transitar con vehículos, entonces los que venían de apoyo, marchaban a la par nuestra pero por la ruta y nos esperaban en determinados lugares donde teníamos que acampar.
Las horas de marcha eran entre 7 y 9 por día, todo a tranco por supuesto, no había lugar para galopar ni nada. Se viajaba siempre de día, muy temprano se tocaba diana para que se levantara la gente y después, por lo general había misa, porque nos acompañaban en el viaje dos sacerdotes.
La rutina  decía, una pequeña clase de historia con todo el legado del General San Martín y para conocer un poco por los lugares por donde habían pasado con su ejército. Después el desayuno, ensillar y salir. Se viajaba más o menos 3 horas a la mañana, se paraba a almorzar y luego se continuaba a la tarde hasta llegar al lugar de destino para acampar.
El primer día se hizo noche a la intemperie en “Agua de las Cuevas”, arribando al día siguiente al Regimiento de Uspallata. Después se continuó el viaje por la parte del “Paramillo”, que es una parte muy linda y muy pintoresca, pero también peligrosa para los que no estamos acostumbrados a andar por esos lugares.
Para ello, las cabalgaduras que teníamos eran muy baqueanas y muy prácticas para andar por esos senderos sin miedo de sufrir algún inconveniente.
Al día siguiente, llegamos a “Punta de Vaca” y “Polvareda”, la estación de ferrocarril trasandino que se encuentra abandonada, ahí también hicimos noche. Los otros puntos que tocamos fueron “Puente del Inca”, “Las Cuevas” y la ascensión al “Cristo Redentor”. Llegamos allí a las 3 de la tarde del domingo, con un viento y un frío insoportable, pero inolvidable.
Hubo un acto y bajamos nuevamente hasta “Las Cuevas” en mula, donde entregamos todas las cabalgaduras y el ejército se encargó de los animales. Al anochecer regresamos al Regimiento de Uspallata.
Con respecto al clima, se durmió tres noches a la intemperie. Una noche con un poco de llovizna pero que no molestó para nada. Los espectáculos que vimos de montañas, el Aconcagua y el Cerro Tupungato con nieve en las cumbres, en una maravilla. Te digo que la única manera de poder apreciar esos paisajes es a tranco de mula, aunque sea bastante incómodo y cansador.
El Cristo Redentor se encuentra a 4.300 metros sobre el nivel del mar y se siente un poco la falta de aire, cansancio, no podés hacer muchos esfuerzos pero con el transcurrir de los días te vas adaptando.

La organización

escaner_20161001-bisEste recorrido, el mismo que realizó el General San Martín por los Andes, se lleva a cabo todos los años y en el mes de enero. Este fue el séptimo. La gente se concentró toda en una sola columna y fuimos por el lado de Uspallata.
La columna estaba dividida en 16 grupos y cada uno tenía un jefe y un suboficial a cargo. Ellos se encargaban de ayudar a ensillar a las damas que no sabían, o paraban a mitad de camino para prestar una cincha para poder seguir.
Todo estaba muy bien organizado, la gente es muy preparada. Nosotros solamente para viajar llevábamos la mula, la ropa puesta y una alforja donde nos ponían la vianda para el mediodía y algún medicamento, lo más necesario para el día. El resto del equipaje, los bolsos y las mudas de dormir, los llevaba el camión del Regimiento. Era una locura ver como todas las noches se descargaban y a la mañana siguiente se volvían a subir, los bolsos de 150 personas que viajaban, más la gente que venía con nosotros de apoyo.
Las comidas las preparaba el Regimiento. Al mediodía eran siempre meriendas frías pero a la noche con un grupo de cocineros que viajaban con nosotros teníamos un menú muy variado como guisos, pollo con arroz, hamburguesas, choripanes, una noche hubo un asado muy bueno, empanadas y tartas de verdura. Bien atendidos.
Todas las noches, además practicábamos el tradicional fogón hasta altas horas de la noche. En todo el grupo siempre hay un guitarrero y es una manera de compartir y conocerse entre todos. Cuando llegamos a “Agua de las Cuevas” fue impresionando ver el cielo, durmiendo a la intemperie, alrededor del fogón y con las estrellas que brillaban, te daban la sensación de poder tocarlas.

Las curiosidades

No es lo mismo andar en un caballo que en una mula y esto que estábamos acostumbrados a cabalgar. Para la gente que está acostumbrada a andar en caballo es mucho más cansador andar a tranco todo el día. Nosotros, sin saberlo, llevamos nuestros recados y los utilizamos también para armar las camas sobre ellos, y eso nos resultó mucho más fácil. De cualquier manera las monturas son las que usa normalmente el Ejército.
Hubo gente inexperta que sufrió bastante, algunos cabalgaron un día y otro no, y se trasladaban en los vehículos. Algunos por los golpes que sufrieron o porque no soportaban tantas horas de marcha. Pero el último día que arribamos al Cristo Redentor, todos llegamos montados.
Éramos los únicos que viajamos de La Pampa pero había de todas partes del país, como de Comodoro Rivadavia, Puerto Madryn, Salta, Entre Ríos y del Gran Buenos Aires. Había un colectivo completo de Avellaneda, Florencio Varela, Brandsen, y de Rosario.
Entre los integrantes del grupo de expedicionarios había varios veteranos de guerra de Malvinas, don helicopteristas, un mecánico de avión y el teniente coronel Víctor Hugo Rodríguez, que estaba a cargo de la columna. Un día, además de las clases de historia, nos hablaron sobre los episodios de la guerra, lo que les había tocado vivir y fue algo muy interesante para todos, porque ahí comprendimos la inexperiencia y la improvisación que viajaron.
Cuando llegamos al puente de “Picheuta” nos ofrecieron un reconstrucción de la batalla, la primera que tuvieron los soldados, muy bien representada y fue una sorpresa. Cuando paramos a almorzar nos encontramos con los preparativos, los granaderos y los soldados del otro lado, fue muy lindo.
Anécdotas, por supuesto las caídas, que hubo varias y quedan en el recuerdo por las cargadas de los muchachos.
(Diario LA REFORMA – EL Zonal. Domingo 6 de febrero de 2.005)

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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