Una foto, una historia, un protagonista (VII). EDUARDO MIGUEL: EL BOMBERITO QUE ACEPTÓ UN INESPERADO DESAFÍO.

1973“Aquí estamos con el Transportín (así se le decía) Marca Internacional, para llevar al personal. El jefe Luis Roberto Díaz lo había traído por tierra, desde la Base Comandante Espora, de la zona de Bahía Blanca. No fue el primer móvil de los bomberos voluntarios de Rawson. El primero fue el famoso Jeep Willys, con una motobomba adelante, en el paragolpe. El Transportín fue el segundo. Estamos con el único traje que se podía decir de gala. Habían sido donados por la Base Almirante Zar de Trelew. Llegaron de todas las medidas, grandes, medianos y chicos, que tuvieron que ser modificados por modistas de Rawson. Eran muy gruesos, supongo que de invierno, pero los únicos que había. “Estamos en el viejo cuartel de la calle Belgrano (entre Conesa y Gregorio Mayo) y debe corresponder a un momento previo o posterior a algún desfile, por eso los uniformes. Aquí estoy con Telmo Roberts, Luis Roberto Díaz, el “Toro” Arteaga, Montesinos (parados), Miguel Balcázar, Miguel Leiva y alguien que no puedo reconocer (sentados arriba)”.

“Por aquellos años (alrededor de 1973) no éramos más de ocho o diez los bomberos voluntarios. Parece mentira. Después comenzaron a sumarse otros, lo cual siempre nos alegraba. En la actualidad son más de setenta en total. Eran tiempos muy difíciles, todo nuevo. Yo tendría 13 años. Me diferenciaba de los demás. Tuve que ingresar con la autorización previa. El “Gordo” Díaz me entusiasmó pero antes pidió hablar con mis padres”.

“Las carencias eran totales. Luis era el “capo”, el que más sabía de todo. Nosotros aplicábamos mucha mano de obra propia para que funcionaran los vehículos, para mantenerlos. Los pintábamos nosotros mismos para los desfiles. Metíamos horas y horas durante un mes previo”.

“Como todos los inicios: una penuria total, pero que no dejaba de ser muy lindo. Así era la realidad. Muy distinta a la de hoy. Hoy parece un sueño realizado: ver lo alcanzado por los bomberos voluntarios de Rawson. Estuve hasta los 20 años. Siempre durante la jefatura de Luis Roberto Díaz. Había que trabajar en serio. Para apagar los incendios en los campos teníamos que usar una espacio de lampazos que se mojaban en el río o en algún tanque con agua y con eso se atacaba a las llamas. En medio del humo y el calor del fuego era muy complicado. Un trabajo de gran esfuerzo, más para un atleta forzudo. Pero seguíamos firmes y contentos”.

“Por aquellos años fuimos a un encuentro nacional de cuerpos de bomberos voluntarios. Se hizo en el cuartel de San Miguel (cerca de Buenos Aires). Recibimos las mejores atenciones. Viajamos en avión. Éramos los bomberos de más al sur del país. Estuvimos casi dos semanas en total”.

“Recuerdo que estábamos en una cena de camaradería y, como patagónicos, nos hicieron el desafío de saber el uso y subir a una escalera mecánica, de utilización habitual en los incendios de altura. Yo, el más joven, y sin mayores ideas, lo acepté, en medio del silencio general. El resto de mis compañeros, al final, me apoyó. Aunque no teníamos ningún conocimiento al respecto, subimos y demostramos que podíamos. Fue una práctica totalmente distinta, una experiencia que siempre recuerdo….”

Eduardo Miguel (1)(Testimonio de Eduardo Raúl Miguel (foto). Nació en Rawson en 1959. Su padre David  Miguel pertenece a una familia radicada en el Valle del Chubut pero había nacido en Telsen mientras su madre María Elena Francia lo hizo en Bahía Blanca. Se conocieron en Gaiman y, con el tiempo, se radicaron en Rawson. El papá David trabajó inicialmente en la Policía pero pasó luego a la Unidad 6 donde se jubiló. Con María Elena, su esposa, participaron como colaboradores de los primeros años de los Bomberos Voluntarios de Rawson con un reconocido compromiso, desde su creación en 1971. David integró las primeras comisiones de la Asociación y María Elena fue distinguida hasta hoy como la madrina permanente de los servidores públicos.

Eduardo Raúl, su hijo, trabaja desde 1980 en la Administración de Vialidad Provincial, organismo al que ingresó después de hacer el servicio militar. Por aquellos años funcionaba en la sede de Avenida San Martín y Gregorio Mayo. Cinco años antes había empezado como cadete en la Dirección de Despacho del Ministerio de Gobierno, en la  Casa de Gobierno. Aquel trabajo tenía entonces una responsabilidad de gran protagonismo que se ha ido transformando con los años. El director era Javier Llargués y entre sus compañeros estuvieron Pedro Coñué, Yolanda Llamazares y “Coca” Bazán, entre muchos otros.

Eduardo todavía recuerda a aquellos mañanas heladas cuando a primera hora tenía que buscar y repartir los diarios. “Al paso de cada oficina ya me iban adelantando las tareas para las próximas horas de la jornada o me recordaban algún incumplimiento del día anterior. Eran otros tiempos”…

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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