ERYL MAC DONALD: LA MUJER QUE PLANTÓ ÁRBOLES Y ESCRIBIÓ POEMAS

100_1314 - copiaEryl Mac Donald ama los árboles y escribe poesías. Nació el 19 de Junio de 1920 y en estos días cumplió 95 años. Vive desde siempre en Glyn Du (Valle Negro), zona de chacras entre Trelew y Rawson. Es nieta de Edwyn Roberts, el pionero de la colonización galesa en Chubut. Tiene un título nobiliario muy particular. Es “hija menor” y ha transferido esa distinción a su hija Cristina, la más chica de “las cuatro nenas” que tuvo con Thomas Hefin Hughes, el esposo que falleció en 1988.

Eryl Mac Donald es la hija menor de la hija menor de uno de los principales impulsores del arribo galés en 1865 al Chubut. “Mi abuelo Edwyn Roberts era un visionario. Tenemos cartas que mandó a una hija desde Gales en la que expresa su esperanza de que ‘para Navidad ya funcione la mina de oro’ en alusión a un proyecto en la zona de Tecka”, recuerda. El abuelo Roberts se atrevió a desmentir aquello de que ‘nadie muere en la víspera’. El lo hizo. Iba a tomar una mañana el barco hacia Argentina pero murió la noche anterior y dejó aquella teoría a un lado.

Eryl Mac Donald brindó sus recuerdos durante una extensa charla hace cinco años en la histórica Chacra 65. Fue una tarde soleada de domingo en su casa de siempre, rodeada de cedros, abedules, robles, granadas, tilos y madreselvas, cuando el otoño enciende los amarillos por todas partes.

El diálogo confirmó la rigurosa descripción que hacen sus hijas de esa madre: Eryl Mac Donald es una hermosa mujer, muy inteligente y tranquila, muy sensata, que tuvo una historia con una linda familia. Su natural modestia hace que se lamente por no haber conservado muchas fotografías suyas. Lo que sí atesora es un video de 1991. Ese año logró el sillón bárdico, máximo premio en el Eistedffod del Chubut en la competencia de poesía en galés.

Ver el sol

Su mamá se llamaba Nest Roberts y su papá, escocés, Ewen Mac Donald. El casamiento no fue bien comprendido por la familia. Cargaban a Ewen el mote de huelguista en las minas de carbón y desconfiaban del futuro de Nest. “Nosotros fuimos en un viaje a Gales a ver las minas de carbón. Salimos todos llorando. Hay una canción muy linda… ‘podré algún día ver el sol’”, evoca Eryl acerca de las inhumanas condiciones de trabajo que empujaron a muchos a iniciar la travesía hacia la Patagonia.

Su infancia, sus ocho hermanos diseminados en distintos lugares del Valle, su maravillosa experiencia con una familia en Puerto Madryn cuando todavía no sabía hablar en castellano, un inolvidable viaje en un “vagón” durante dos días con los caballos y perros de un arreo y su viaje al Colegio San José de Quilmes para estudios secundarios fueron contados en una sucesión admirable por su precisión y encanto.

En su relato no faltó la reseña de las escuelas a las que concurrió. La primera fue la de las monjas en Puerto Madryn. Después las cercanas a su casa de Glyn Du: Casa Blanca y Los Molinos, con sus directores y maestros: Margarita Suárez, en la primera, y Raúl Padilla y Segundo Fernández, en la segunda No faltaron el recuerdo a otros maestros, los buenos (los maestros Arancibia, Nicolás Ortiz. “Una maravilla. No creo que haya habido después otros como esos”) y los malos, como aquella ignorante maestra que le recriminó una vez el estado de sus uñas, sin saber los sacrificios de su alumna para llegar a caballo, a horario, a la escuela de Trelew donde pudo terminar el ciclo primario.

Su mamá Nest integró una familia de varios hermanos, los mayores nacidos en Gales, que volvieron a la Patagonia después de la inesperada muerte de su padre Edwyn Roberts en aquel país. Nest ya estaba casada con Ewen Mac Donald al momento de la partida. “Mis hermanos mayores ya habían nacido. Otros fueron naciendo en camino, desde donde desembarcaron. Los dos menores nacimos en Chubut”.

Días maravillosos

Con el tiempo, la familia se mudó a Brwyn Gwyn  a trabajar en un tambo. “Ahí se enfermó papá y, con sus 51 años, murió. Por entonces “ya nos habían llevado a los dos más chicos con otra familia, del mismo apellido que nosotros, a Puerto Madryn. Ahí  empecé mi educación, en la escuela de monjas. Yo no sabía nada. Solo el galés, pero fui aprendiendo, me hice de la casa como si fuera hija de ellos. Tenía seis años. Aquellos días fueron una maravilla. La señora me tejía y las cinco chicas me hacían regalos. Una vida muy linda”.

“Cuando murió papá, mamá tuvo que mudarse nuevamente a la chacra de antes. Y regresé. Tendría  nueve años.  Después del sexto grado, mis hermanos me ayudaron para que fuera a un secundario de Quilmes. Después se casaron y se les hizo muy duro. Además tuve una propuesta de casamiento”. La propuesta vino de un hombre que la veía desde su chacra cercana. Era Thomas Hefin Hughes, con quien protagonizó el primer casamiento en la capilla de Moriah.

“Así fue que, en vez de seguir la escuela secundaria, empecé a tener mis cuatro nenas” y alguna vez, en tiempos de escasez de docentes para el ámbito rural,  fue maestra sin título.  Hefin trabajaba en la chacra y tuvo que emplearse en la Compañía de Riego. Después se transformó en Agua y Energía. El esposo de Eryl fue tomero o cuidador de los canales durante 25 años en esta zona.

Arbolitos

Eryl relata aquellos sacrificados tiempos en la chacra. “Cuando vine acá no había un solo arbolito. Había sí una alfalfa muy alta. De eso vivía mi marido. Eligió un pedazo para la casa y empezamos a poner arbolitos.  Al venir acá empecé a poner frutales y todos los que me daban”.

Por los años 60 perdieron su segunda hija. Fue un traspié grande pero se supo sobrellevar. Murió afectada de leucemia, una enfermedad desconocida, en aquel tiempo. Eryl se dedicó aún más al jardín y las plantas. Duplicó y triplicó la cantidad de árboles de su chacra.

Los árboles han inspirado numerosos poemas de su autoría. Ese trabajo le ha permitido ganar el Eisteddfod de 1991 y otros reconocimientos menores. Cada  vez que veía que alguna poetisa se sentaba en el sillón bárdico su marido insistía en  que ella tenía que estar ahí. El murió al año siguiente de un viaje que hicieron a Gales, en 1987, y ella salió de esa pena mediante la escritura. Se puso a escribir, escribir y escribir  e hizo lo que no había hecho antes, en aquel tiempo de su esposo en vida.

Alguna vez le marcaron la tristeza de sus escritos, como el referido a un cedro que se moría (No te vayas viejo cedro / no te mueras tu también / es muy triste vivir sola / lo comprendo hoy recién.)  o a un tilo de su chacra, cuyas estrofas permanecen en su memoria  (En mis noches de desvelo / y ya roto el corazón / diste calma a mi alma / alejaste mi dolor).

Este último 19 de junio cumplió 95 años. Seguramente habrá estado rodeada de los suyos y habrá reiterado su agradecimiento. Al gigantesco roble que brinda sombra en su chacra de Glyn Du se lo dará en el verano. A pesar del invierno la sigue protegiendo.

(Esta entrevista se hizo cuando llegaba el invierno de 2010. Han pasado cinco años. El paso del tiempo obligó a algunas modificaciones. Lo esencial tendrá vigencia por siempre)

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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Una respuesta a ERYL MAC DONALD: LA MUJER QUE PLANTÓ ÁRBOLES Y ESCRIBIÓ POEMAS

  1. aDELINA MIRANTES dijo:

    E HERMOSO,poder leer todo esto yo me siento con orgullo,por me crie en una chacra an brin guin,la numero 190,tenia de vecin0 a VIVIAN MAC DONALD ,fuimos grandes amigos y despues
    nunca mas nos vimos,yo actualmente vivo en RAWSON, como me gustaria volver a verlo. y poder leer sus libros .,
    SEÑORA.,

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