150 años. Rawson y su gente. TITO MICHI, UN LUCHADOR: DE HERRERO A HELADERO

Tito Michi (2)Se llama Reinaldo Carlos pero todos los conocen como “Tito”. Es hijo de una argentina y de un inmigrante nacido en Rimini,  una ciudad del norte de Italia, asentada sobre el mar Adriático, al sur de Venecia, a la que pudo visitar con los años. Nació en el barrio porteño de San Telmo el 31 de marzo de 1924 y llegó a Rawson a los cuatro meses.

Siempre le gustó el trabajo de  herrería, la ocupación original de su papá, pero de estar junto al fuego y  la fragua alimentada a carbón para preparar y martillar los materiales terminó fabricando, distribuyendo y vendiendo helados artesanales, “los más ricos del mundo”, al decir de muchos seguidores que los esperan siempre al aproximarse los días del verano. Alguna vez le ofrecieron radicarse en Trelew para esa última actividad. “Me ponían todo pero les dije que no”

Dora y Tito: un matrimonio de más de 60  años.

Dora y Tito: un matrimonio de más de 60 años.

“Tito” Michi cumplió 91 años en estos días. Su fiesta de de los 90  reunió a 65 familiares. Está casado desde el 21 de mayo de 1949 con Dora García. Y es padre de dos hijas: Mónica y Mary, quienes le han dado seis nietos (seis mujeres y un varón) y varios bisnietos.

“No puedo lograr que se quede quieto. Siempre está haciendo algo y no puede creer que algunas personas digan que no les gusta trabajar”, se queja todavía hoy su esposa, con una sonrisa resignada.

Minutos después de dejar de preparar chocolate en rama para usar en el preparado de un helado para ofrecer en el local que instaló hace más de 50 años, Tito Michi repasó las principales etapas de su vida.

“Mi familia paterna llegó de Italia hace cien años, aproximadamente, en barco. En una escala en Brasil murió mi abuelo. El resto siguió a Buenos Aires, el destino fijado. Allí trabajó mucho tiempo como herrero, en los talleres de Liniers. Eran los tiempos en que pagaban centavitos”.

Un viaje al sur de un integrante de aquel grupo de italianos cambiaría con el tiempo el rumbo familiar. “Un hermano de mi papá vino para la Patagonia. Llegó acá, a nuestra zona, y lo llamó porque había trabajo. Mis hermanos mayores ya habían nacido. Esto pasó por los años ‘20. Mi papá trabajó dos o tres años pero se enfermó y acá no había nada. Regresó a Buenos Aires y le dijeron que tenía mucho carbón en los pulmones. Con el tiempo se curó y volvió, pero ya había nacido yo en Buenos Aires. Mi mamá era argentina. Trabajaba con una familia francesa. Me trajeron cuando yo tenía cuatro meses”. Los hermanos Michi fueron cinco, la primera de los cuales (Ana Rosa) falleció muy pequeña. Los restantes fueron Luis Roberto (Negro), Oscar José (Cacho), Reinaldo Carlos (Tito) y Laura Dina (Tina).

Primeros tiempos

“Cuando regresó se puso a trabajar nuevamente de herrero en Rawson. Su hermano lo hacía con un taxi en Trelew. La familia estuvo viviendo primero en la calle Sarmiento, enfrente dónde hasta hace poco tiempo estuvo la panadería Ballester. Por allí fue también la sede la Escuela Nacional N° 1, que llegaba hasta la esquina de Conesa. Después hicieron la nueva y definitiva. Y antes había funcionado también en la actual escuela de Cadetes de Policía”.

“Con el tiempo mi papá se hizo la casa donde hoy está ‘Puchero’, sobre la avenida San Martín. Estaba la casa y el taller de herrería. Allí nos mudamos. Me gustaba mucho el trabajo en aquel taller. Nos traían ruedas de carro para arreglar. Autos casi no había en Rawson. Las familias Restuccia y Mottino eran las únicas que tenían. Después aparecieron Ford “A” y “T”.

“En la herrería se arreglaban los pocos ´cachirulos´ que había. También teníamos gomería. En las calles había luces a carburo. No alumbraban mucho, hasta que llegó la eléctrica pero que se cortaba”.

A los doce años ya había dejado la escuela y empezó a trabajar en la herrería familiar, hasta que llegó la hora del servicio militar obligatorio. “La colimba la hice catorce meses. Primero en Comodoro Rivadavia y luego en Río Gallegos”. Desde esa misma edad maneja vehículos. “Nunca tuve un accidente ni pagué alguna multa”

Con la llegada del gas natural a Rawson se produjo un gran cambio en la vida cotidiana de la gente. “Fue entre los años 1945 y 1947 y hasta entonces se tenían las cocinas a leña. Yo me había comprado un camioncito y lo usaba para buscar leña a Trelew y venderla a la gente. Para mí una actividad extra que me dejaba su ganancia. Me levantaba muy temprano y después seguía en la herrería. También traía arena para las construcciones de las plantas pesqueras”.

En 1956 dejó de trabajar en la herrería. “Compré un auto para trabajar de taxi. Lo hice noche y día durante seis años. Después compré una Combi, con la que hice 160.000 kilómetros. De lunes a viernes hacía hasta seis viajes todos los días a Trelew”.

La práctica de deportes se limitaba entonces a la distracción y la amistad con otros muchachos de su edad. “A milonguear íbamos al puente Socino de Trelew. Después de comer íbamos a jugar a una canchita de pelota a paleta que tenían los curas. La hicimos nosotros, con mi padre. Todos los mediodías salíamos también a remar con otro muchacho que había venido de Gaiman con algunos problemas y trabajaba de gomero. Y era bueno en lo que hacía. En esa época no había cámaras ni neumáticos. Las cámaras se reventaban y se les hacía un tajo largo, se las limpiaba todas, se las cosía, se pegaban y así seguían”.

El viejo Rawson

¿Y Rawson cómo era?. “Un pueblo tranquilo. Nadie robaba nada. Mi hermano tenía

Dora y Tito: tiempo en noviazgo en Playa Magagna.

Dora y Tito: tiempo en noviazgo en Playa Magagna.

un camión con el que salía para el campo, a llevar mercadería para la gente. Lo paraba en el medio de la calle con toda la mercadería arriba. A la mañana temprano se levantaba, lo ponía en marcha y salía. Y no faltaba nada. No era como ahora. Un inspector realizaba los recorridos a caballo”.

“De quince a veinte muchachos trabajaban en la garbancería (procesadora de garbanzos y otros productos del Valle del Chubut que funcionaba en el ex edificio de la planta Flor de Lis). No había mucho trabajo. El resto buscaba en la Gobernación”.

Tito recuerda también las visitas al bar de la familia García. Entre las hijas del matrimonio de Baltasar y Carmen, una pareja de inmigrantes españoles radicados en Rawson en la década del ’20, estaba Dora, su futura esposa. “Después me tuve que ir al servicio militar. Desde allí no se podía mucho escribir y casi la perdí. Pero hemos cumplido 65 años de casados. Los dos trabajamos fuerte y siempre juntos”.

“Mis suegros nos transmitieron la costumbre de juntar siempre a la familia. Todos los domingos nos reunían a compartir el almuerzo”.

Visitante solitario y único de la zona de Magagna en sus primeros tiempos. “No había nadie. Iba yo solo a la mañana y me quedaba hasta la noche. Iba a pescar y a buscar pulpos”

Su vida transcurrió en Rawson. Hincha del Club Boca Juniors, aquí desarrolló las más variadas tareas: en los talleres de herrería, en la atención de un taxi, la venta de leña, la reparación de los carros y los primeros vehículos del pueblo y el comercio.

De molinero a concejal

La heladería. Una actividad que se consolidó.

La heladería. Una actividad que se consolidó.

Protagonizó también las primeras ventas de nafta extranjera Elauwit Standard en Rawson. “Venían dos latas  en un cajón. Después llegó la Energina. De origen nacional no había. Nuestro primer surtidor estaba en la calle San Martín, en el actual local de Puchero. También despachábamos gas oil. Hay que recordar que Rawson tenía entonces la ruta nacional N° 3 y hasta Garayalde no había otra posibilidad de cargar. Nosotros traíamos los tambores de 400 litros”.

Entre sus actividades estuvo también el arreglo de molinos para tener agua en los campos. “A mi padre lo bajaban primero a los pozos con una soga y un caballo. A veces la pasaba feo. Después se hacía con el camión. No se veía nada. Hasta casi 90 metros se bajaba y con un espejo se le alumbraba”. Aunque nunca llegó hasta ese nivel de profundidad, Tito se asombra todavía hoy de la temeridad de aquel trabajo.

Por aquellos tiempos también cuidó ovejas. “Fueron tres meses. Nos levantábamos a las 4 de la mañana y a las 8 veníamos con los animales a curarlos”.  Más adelante llegaría también a recolectar material de descarte como baterías en desudo y metales. “Juntaba papel y lo mandaba a Buenos Aires. Llegué a 40.000 kilogramos. 10.000 en cada viaje. El papel valía entonces más que al cartón. Ahora es al revés”.

Llegó también hasta a tener durante un año un emprendimiento para producir lavandina y detergente que se distribuía y comercializaba en la zona. “Siempre nos poníamos a trabajar lo que no había en la zona”.

A mediados de la década del ’60 protagonizó un raid automovilístico a toda velocidad por las calles de Buenos Aires cuando tuvo que trasladar a su cuñada Carmen “Negrita” García de Iralde para dar a luz a su hija Ivonne. “Llegamos al hospital, trajeron corriendo una camilla y el nacimiento de quien sería luego mi ahijada se produjo adentro a los pocos minutos”.

Una vida de trabajo.

Una vida de trabajo.

Tuvo un paso por la actividad política en los años iniciales de la Provincia del Chubut hacia fines de la década del ’50. Llegó a ser concejal municipal y entre las distracciones que más recuerda está la captura de gigantescos cangrejos colorados o mejillones en las playas de Magagna o El Sombrerito. “Ya no se ven más”, se lamenta. “Era la época en que la marea bajaba más y quedaba una gran playa”.

En su época de actividad política lo tentaron desde el radicalismo con una postulación a diputado provincial. Como no se consideró con la preparación suficiente para la tarea lo propusieron entonces como candidato a intendente municipal. “También les contesté que no. Me gusta ayudar pero no podía entonces. Tenía mi trabajo”. Al final quedó tercero en la lista de concejales y entró igual. No se cobraba en aquellos años.

Tito integró así, en 1958, el primer Concejo Deliberante de la capital de la Provincia recién creada, en coincidencia con el período municipal de Dándolo Constantino Colángelo y del gobernador Jorge Galina.

“Ricardo Balbín vino alguna vez a Rawson. Comió un asado al otro lado del río”, contó alguna vez. Entre las anécdotas de su intervención política recuerda también cuando lo llamó el líder radical para que organice la campaña en el interior de la provincia en pleno invierno.  “Debía dirigirse a Paso de Indios y un día no pude salir porque el auto estaba cubierto de hielo”, explicó.

Helados

El matrimonio de Tito y Dora manejó un restaurante, una confitería y una heladería, con la que completaron cincuenta años de trabajo, con algún paréntesis en que estuvo alquilada. La primera cuadra de la calle Yrigoyen de Rawson conformaba por entonces el principal y transitado espacio comercial de la ciudad y constituyó el centro de la actividad familiar. La incorporación en su momento de un pequeño tren para los chicos constituyó un recordado atractivo en su trayecto entre Playa Unión y la zona del puerto.

Los distintos gustos de los helados fueron surgiendo a partir de sucesivas pruebas hasta llegar a los mejores. Las fórmulas, fruto exclusivo de la experiencia personal, permanecieron siempre en la mente de su ejecutor, a pesar de los pedidos de expertos y profesionales que siempre elogiaron los resultados.

La heladería, con tecnología de avanzada, impensada en los primeros tiempos, ha extendido hoy sus servicios a otras zonas de Rawson y Playa Unión. La tercera generación familiar ya se ha involucrado en el emprendimiento y entre las nuevas ofertas se ha incorporado últimamente uno en su honor que lleva el nombre de “Tito Dulce”.

Desde los doce años

A los doce años dejó la escuela primaria. Sus padres y maestros se sorprendieron por la explicación de aquella decisión: querer trabajar. Tito Michi lo hizo. Herrero, cuidador de ovejas, pocero en el campo, expendedor de nafta importada, vendedor de leña, taxista, fabricante de lavandina y detergente, recolector de papel y baterías viejas fueron algunos de sus trabajos.

La firmeza infantil no ha sido abandonada, aunque ahora está matizada por la lectura o la  realización de gigantescos rompecabezas que despiertan admiración. A los 91 años sigue trabajando. La consigna de sus años infantiles no ha sido cambiada. Tito no conoce otra forma de vivir.

(VERSIÓN COMPLETA DE NOTA PUBLICADA EN “SUPLEMENTO ZONAL DEL VALLE” – Diario El Chubut – 1° de abril de 2015)

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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