“LA LENGUA AVULGARADA Y EMPOBRECIDA EN LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN”. (Una conferencia de Pedro Luis Barcia de hace doce años en Trelew)

20141026120053_barcia_1(Versión transcripta de la conferencia brindada el 31 de Julio de 2003 en la sede Trelew de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales – Universidad Nacional de la Patagonia)

El tema que propongo sobre la lengua envilecida y empobrecida por los medios es un poco revulsivo en su enunciación. Una periodista nos decía hoy que estaba “muy tocada” por el título dado a la exposición y (Santiago) Kovadloff le respondía que estaba bien que se preocupara por ese título porque está indicando que tiene conciencia que hay algún envilecimiento y algún grado de empobrecimiento en la lengua de los medios. Naturalmente que no todo es igual ni todos son del mismo color como decía Quevedo de los gatos pardos por la noche.

De tal modo voy a hacer algunas advertencias y algunos señalamientos y distingos.

Lo primero que cabe decir es que en algunos congresos la gente se vale de dos reacciones frente a la vulgarización o al empobrecimiento de la lengua en los medios.

La primera es la condena, la condena brutal, enojada, tremenda. Y después de hacer todo esto, el hombre se va a su casa y le dice  a su mujer: ‘hoy hice “cheff” (por no decir “puré” que es una expresión grosera) a los medios en una conferencia’. Sospecha esta persona, posiblemente, que los medios se han de conturbar o se han de poner muy inquietos por esa condena dicha en un  congreso, en un lugar perdido de la Argentina.

La otra actitud es el llanto, la desesperación y la lágrima que mucha gente cultiva. Pero sabemos que ni el llanto ni la puteada modifican la realidad. Lo único que modifica la realidad es la mano. Es la cabeza, es la mente, que mueve la mano. De modo que si no metemos mano en la realidad, la realidad no va a cambiar. Claro que no cabe llorar porque los héroes no lloran, como decía la película. Es una mentira. Cualquiera sabe que el Señor Cid comienza con un texto que dice “De los sos ojos tan fuertemientre llorando, tornava la cabeça i estávalos catando. Vío puertas….”, etc. Pero después de llorar el hombre, cuando ya se va desterrado, despreciado por todos, vilipendiado, después de haber tenido la corneja siniestra (recordarán el pajarito negro que le vuela a la derecha diciéndole ‘te va a ir peor todavía’), que es lo que distingue a este hombre de un llorón profesional?. Después de todo esto dice “Meçió mio Cid los ombros y engrameó la tiesta”. Sacudió los hombros para sacarse de encima la preocupación y levantó la cabeza. Levantar la cabeza significa ver más allá de la situación en que está, ver un objetivo para empezar a caminar. El Cid enseña un proyecto y camina. Y lo que hay que hacer es esto. Hay que enseñar un proyecto y empezar a caminar para mejorar la situación, porque putear o llorar no modifica los medios.

Eso es lo primero que tenemos que entender. Sin embargo los congresos siguen haciendo estas dos actitudes o ciertas actitudes frente  a la situación que se vive.

¿Hemos hecho algo? Claro que hemos hecho algo. Yo no vengo aquí a decir que es lo que debería hacerse y no se ha hecho. La Academia (Argentina de Letras) lo primero que hizo (como primera victoria de la Academia)  fue reunirse con la Academia de Periodismo. Nunca se había tratado como tampoco se había tratado con la Academia de Lunfardo. Esta Presidencia ha dado ese paso para acercarse a una realidad que mencionamos todos los días, que utilizamos y estudiamos todos los días pero que, al mismo tiempo, de esto no se habla ni se trata. Es ridículo.

Lo otro es considerar de segunda al periodismo y no tener trato con la Academia de Periodismo porque no es de letras.

Estos dos pasos dio la Academia de Letras. Por un lado hacia lo popular y por el otro con la Academia de Periodismo. Su presidente fue invitado a dar una charla, precisamente, sobre el problema de la lengua en los medios. A partir de allí nace un proyecto de unirse, junto con Educación, para empezar una campaña para ver si se mejora la situación en que se está viviendo..

Que es lo que preocupa a la Academia de Letras es una cosa. Yo voy a decir lo que me preocupa a mí para no comprometer a la Academia.

A mí no me preocupa la lucha por el purismo en los medios. En primer lugar el purismo (como la gente nunca pasa por los diccionarios) se cree que es una virtud. El purismo está condenado como un vicio en todos los diccionarios de la Real Academia hasta la última edición. Esta es una excepción, la del 2001.

Siempre se lo ha condenado y recién esta vez aparece como una virtud. Aquel hombre que cuida vigilantemente su expresión y evita que expresiones extranjeras o vulgares entren en su decir. Esto es nuevo. Hasta ahora fue considerado siempre no como una virtud, como la gente común cree, sino como un vicio. Ser purista era vicioso.
Lo segundo que no me preocupa es la invasión inglesa. Ya tuvimos dos (en realidad tuvimos cinco y tendremos más, posiblemente, de maneras más sutiles, pero conocemos dos reales). La invasión inglesa que actualmente se denuncia y por la que la gente se rasga las vestiduras es la inundación anglófila.

No hay nada de eso. Cuando uno hace, a la luz de la técnica de la computación, el cálculo de cuantos son los anglicismos que han inundado la lengua corriente, no digo la técnica, de las máquinas y demás, vemos que no pasan de 130. Lo que pasa es que como esa gente es tediosa y molesta está en todas partes. Hasta en las conferencias….

Entonces no hay que engañarse. Ello no es un enemigo serio porque estamos avanzando desde nuestra Academia en un trabajo muy preciso tipificando de tres formas los anglicismos. Soy muy optimista. La gente va a tender a modificar el anglicismo como hicimos con ‘fútbol’, antes de la ridiculez española de decirle ‘balompié’. Traducir esto me parece una ridiculez. ¿Qué hizo la Argentina?. Fonéticamente le puso ‘fútbol” con un acento. ¿Y que hizo con ‘master’?. Simplemente le puso un acento. Una  virgulilla a la ‘a’  lo castellanizó, lo españolizó. Y ahora máster se escribe así. Por eso este problema a mí no me preocupa.

Tampoco me preocupa el tema de la dispersión de la lengua. Vienen amenazando con que tantas naciones hablan  esta lengua y con tantas dificultades, divisiones y diferencias en que va a llegar el momento en que esto va a ser como la caída del latín. Nada de esto se da. La situación fue denunciada así, tremendamente, por Cuervo pero Menéndez Pidal, un hombre sensato, dijo que esto no va a ocurrir. Y efectivamente no ocurrió. Dámaso Alonso volvió temperamentalmente, allá por la década del ’60, a anunciar que íbamos a tener aquí una barbarización de la lengua y otras voces salieron. Entre ellas la de otro Alonso, Amado, que dijo que no había que preocuparse por esto. Y efectivamente. El español en toda su evolución no ha producido sino un solo dialecto: el “papiamento”.

¿Hay diversidad? Pero claro. El otro día me consultaban desde La Nación porqué creía que el español tenía esa difusión y arraigo actual, en crecimiento, que lleva a 35 y pasa 40 millones en Estados Unidos y el resto del mundo. Acá hay dos teorías: una es la moda y otra que es el respaldo cultural, el acervo que la identidad española tiene detrás. Yo creo que es mucho más simple y es por dos razones. La primera es que la fonética española es mucho más simple y paladina que la de cualquier otra lengua. Se aprende con facilidad. Y la segunda es que con una lengua pasea por un continente. Puede hacerlo un europeo, un africano eso?. No. Usted pasea por veintidós naciones, veintidós culturas diferentes e incluso, cada vez más, conocer Norteamérica.

Esta preocupación de la dispersión a mí tampoco me llega realmente. Lo que me preocupan son dos factores que están en el título de la charla de hoy: el avulgaramiento y el empobrecimiento de la lengua, que no tienen que ver, directamente, con una preocupación gramatical, sino con otras razones.

Hay que distinguir primero a los medios orales de los medios escritos. Lo escrito se puede retocar, modificar, ser de otro, inclusive. Se escribe un error en el diario y están las cartas de lectores que lo denuncian. Los mismos diarios suelen tener “fe de erratas”. Se puede corregir. Hay secciones que se preocupan por el idioma. Todo esto da tiempo para corregir y para rever, cosa que no pasa en la instantaneidad, bulliciosa, vigente y dinámica, de la radio y de la televisión. Acá está el campo donde aparecen los problemas del avulgaramiento y el empobrecimiento.

Comencemos con  el primero: la vulgaridad de la lengua de los medios orales (naturalmente no de todos los medios ni de todos los programas).

Hay que plantearse en primer lugar que la lengua es una de las imágenes  (y este será uno de los temas del Tercer Congreso Internacional de la Lengua Española sobre la identidad lingüística y la globalización) de una nación. La televisión es lo que somos, en parte, no totalmente, por cierto. Frente a las gruesas palabras, aquellas que se dicen ‘malas’ cuando no existen. Lo que sí existen son palabras mal o bien situadas. Existen palabras en distintos niveles vulgar, coloquial, académico, común, juvenil.

Los académicos no tenemos ninguna preocupación ni pudor conventual ni monjil. Cuando se toma el diccionario nuestro se encontrarán palabras que,  para no escandalizar, no quiero decir aquí. Y como el que las propone soy yo, me dice Alicia Jurado: ‘mire Barcia va a tener que firmar usted esta propuesta porque es una inmundicia’. Todas ellas entraron en el diccionario y entraron con acepciones, con ejemplos. Y hay otros que son sumamente jugosos para mostrar el uso contextual del término. Nosotros que siempre andamos con palabras no le tenemos miedo al ridículo, ni una actitud condenatoria cuando trabajamos todos los días con estas palabras. De modo que a esto tenemos que dejarlo de lado como una preocupación, un poco pacata.

En segundo lugar si se viera nuestro diccionario se advertirá que hay marcas de nivel. El periodista viene y dice ‘así que ahora está la palabra “poronga” en el diccionario y la podemos usar’. Digo yo: alguien ha dejado de usar la palabra ‘poronga’ en su momento, cuando pensaba usarla, porque no está en el diccionario de la Real Académica. En segundo lugar, si usted es un libertario, porqué está esperando que la Academia diga que ahora puede usarla?. Son actitudes ridículas. En tercer lugar, la Academia le dice ‘poronga’ y al lado le coloca ‘vulgarismo’. Hay que ver la marca que le indica el diccionario. Está diciendo que no se puede usar este término (ni ‘cachucha’) en cualquier contexto, sino que se usa en un contexto determinado. Por eso la palabra es mal o bien situada. El error consiste en creer que, ahora, porque esa palabra está en el diccionario se puede usar en cualquier lado.

Frente a esto hay que distinguir una cosa y ya soy grosero, porque hay que ser grosero con los que son groseros. Usted tiene enfrente a alguien con actitudes dieciochescas y no lo entiende. ¿Existe mierda en el mundo? Existe. Pero señores no somos mierda. Es decir no pude ser que todo lenguaje esté en ese nivel. Y menos en los medios de comunicación.

Existen dos tipos de comunicadores. Y ahora estoy hablando no solamente como profesor de letras, lógicamente,  sino como director de un doctorado en ciencias de la comunicación. Dirijo permanentemente trabajos en los campos de la comunicación en sus distintos niveles.

Hay dos actitudes. En primer lugar nos encontramos con el comunicador vulgar. El comunicador vulgar de por sí no tiene redención. El que es de pocos matices tampoco tiene redención. Este hombre habla así no porque quiera captar a un público adolescente sino porque no tiene otra manera. Ese hombre no es libre. Es  cautivo de sus limitaciones. Es cautivo de su vulgaridad. Es que no tiene posibilidad de elegir. Es como un ciego o un rengo. Está discapacitado por naturaleza y hasta que no mejore esto (aunque sea con pierna ortopédica o con un ojo retrovisor), pues este hombre no tiene posibilidad de decir, en ningún momento, ‘yo no voy a hablar de manera cuidada y vigilada’ porque no puede hacerlo. Es lo que Lugones llamaba, con inteligencia, la libertad de no hacer lo que no se puede. Es como cuando yo me levanto y digo: ‘hoy no bailaré en el Colón’. Claro que tengo que negarlo porque no lo voy a hacer. No es que habla así porque quiere. La responsabilidad es de quien le dio un micrófono, le dio pantalla, para hablar de esta manera limitada y sin salida, sin posibilidad de elegir.

Pero ¿como se justifica? Con la frase de la fábula de Esopo  (una ley constante de la intelectualidad argentina). Rechaza hablar bien porque no le parece correcto.  Y dice la frase de Esopo: ‘las uvas están verdes’. Saltó la zorra y no alcanzó. Saltó de nuevo y no alcanzó. Y como no alcanzó, despreció las uvas y las descalificó diciendo que estaban verdes. En realidad nunca alcanzará otro nivel de expresión porque no tiene posibilidad.
La segunda forma de comunicador es el que teniendo estos registros se abaja a hablar vulgarmente. Es mucho más grave. Es una cuestión moral. No es una cuestión de discapacidad que tiene. Y peor todavía si lo hace para captar un público. Si lo hace porque cree que al público le entusiasma que le hablen en ese nivel de vulgaridad, está desconsiderando al público y es muy grave. Está diciendo que el público merece ese tipo de tratamiento. ¿Entonces, dónde está la responsabilidad social? Es el eje de todo esto. La responsabilidad social es tener conciencia del uso del idioma que está haciendo, porque este cuadrado luminoso o este micrófono de radio que yo tengo es una cátedra. Y es lo que tiene que cuidar. No digo que está ahí para enseñar algo pero, por lo menos, está ahí para no desenseñar, para no echar abajo la labor de tantos.

Sabemos que la televisión  posee un poder impresivo que no tiene ningún método educativo. Lo impresivo (el adjetivo no es frecuente pero quiero reiterarlo) es como cuando uno imprime una cosa. La marca del carácter   impresivo, la técnica del goteo, termina horadando. Y el adolescente repite, inocentemente, lo que le dice (Marcelo) Tinelli y termina diciendo eso. A usted lo habilita. Lo habilita el uso generalizado en un programa y en otro. ¿Dónde está la responsabilidad social? No aparece. Hay  que hablar así porque a uno le sale. Es lo que se llama, técnicamente, el espontaneísmo. Hay profesores, incluso, que predican que uno tiene que rascarse dónde le pique y cuándo le pique. ¿Para qué estamos preparando? Este espontaneísmo desgraciado ¿a qué lleva? Está permitiendo cosas que no debería permitir y lo está permitiendo toda la estructura del sistema televisivo y de la radio.

De modo que de las dos actitudes, la vulgaridad es la más censurable desde el punto de vista de las leyes estatuidas en el país. La  ley no habla de riqueza del idioma pero sí habla de vulgaridad. Y hay ley. Claro que hay. No se aplica pero la ley impone multas. Creo que fueron 40 millones de pesos el año pasado a todos los canales de televisión por las barbaridades que se dicen, por la forma en que se dicen, etc, etc. ¿Dónde van esos 40 millones de pesos? ¿Van a la Academia Argentina para que editen obras que se preocupen? No. Van  a la campaña de los políticos. Los gobiernos argentinos negociaron con los medios de comunicación para que, en vez  de pagar los 40 millones de pesos, daban espacios para los partidos políticos. Supongo que los partidos políticos no estaban informados, porque lograr espacio con inmundicia es lo que no puede sostenerse.

Es lo que hizo Simoncini cuando presentó un compacto frente a los agentes de publicidad en los canales de televisión. El compacto estaba lleno de inmundicias tomadas de los principales programas populares que hay en la Argentina. Invitó a los empresarios y sus señoras. Lo que no dijo y yo hubiera dicho es: ‘esa señora tiene ese vestido, ese tapado de piel y ese anillo merced a las porquerías que pasan’, porque así se consigue el dinero.

El uso avulgarado creciente está dado porque el hombre que maneja la lengua, el comunicador, está discapacitado y hay que sacarlo o porque hace un envilecimiento voluntario, con desprecio del público. Pues tal también es antidemocrático.

En segundo lugar me preocupa todavía más la pobreza porque la pobreza de la lengua de los comunicadores es también un modelo que se imprime. En primer lugar porque la lengua va asociada a la capacidad de pensar. Un hombre que no tiene sinónimos no puede establecer matices en su pensamiento. Usted sigue el pensamiento de Ortega y Ortega va trabajando con palabras que van afinando cada vez más y calibrando el pensamiento hasta que lo define con  precisión, porque la calibración y los matices los dan las palabras. El empobrecimiento lleva a qué? A una especie de estrechez mental muy útil para la manipulación. Y no lo digo yo. Lo dice un buen socialista, George Orwell, en su cacoutopía “1984”. Un hombre que conoció el sistema de Stalin y lo condena en este libro. Y era un buen socialista inglés, que  no estaba contra el socialismo. Hay que recorrer las ediciones (porque no todas lo traen) si tienen el apéndice llamado “’La Neolingua’. La Neolingua enseña de qué manera se va reduciendo cada vez más. Hay cada vez menos palabras. La expresión de esta persona no tiene ya matices, no es libre de pensar y es manejable, manipulable.

¿Y estamos cayendo en eso? Claro que sí. Pero no únicamente los comunicadores. También los profesores ya no tienen una matización ni una riqueza léxica para dirigirse a su público. Jamás utilizan más de 84, 50 o 70 adjetivos frecuentes y cotidianos. Ocurre que están creciendo cada vez más las palabras que los lingüistas llaman, técnicamente, “baúles” u “ómnibus”. Esas  palabras que reúnen varias cosas.

De esta manera podemos llegar a tener numerosos registros de la misma palabra, con matices totalmente diferentes. Pero si usted le quita la entonación, la actitud, el gesto y el contexto  no existe más que una sola palabra. Usted ve una rubia en un programa de entretenimientos en televisión para la cual todo es ‘fantástico’, desde un cuento de Borges hasta una media calada, o todo es macanudo o sino ‘el coso
ese’.

Estas palabras son las que van produciendo el esfuerzo que tiene que hacer uno para romper esta pobreza que nos va sumiendo en cada vez menos palabras para mayor cantidad de cosas.

En segundo lugar el “cliché”. No digamos nada de los lugares comunes. Hoy hablábamos con Santiago de un taller que se llamaba el taller de los lugares comunes. Es para analizar, para mostrar a los comunicadores futuros de nuestra facultad de qué manera hablan manejando lugares comunes, que son como fichas que colocan en un lugar y otro, cuando no se piensa, no hay conciencia del idioma.

En tercer lugar se pierde la precisión. La gente es cada vez menos precisa. Las leyes están hechas de imprecisiones. La Constitución Argentina tiene, nada menos, que unos 120 errores gramaticales. Pero no son  errores gramaticales de concordancia. Son errores gramaticales que llevan después a una discusión técnica acerca de lo que acá se dijo o no se dijo. Hay errores interesantísimos de leyes.

¿Cuáles son las vías de mejora para esta situación que afecta seriamente la vida en democracia? Porque  no asumir la responsabilidad de lo que hay que hacer como hablante y hacerlo libre de decir lo que realmente piensa y reduciendo cada vez para estrechar la mente, es una grave afección contra la educación democrática. Esto nunca se dice.

Primero hay que crear una conciencia de responsabilidad del comunicador. ¿Cómo se hace esto? Por lo menos dedicando más tiempo a la formación de los periodistas y comunicadores en las escuelas. En la Facultad de Comunicación de la UBA no tienen una cátedra de Lengua. ¿Por dónde estamos empezando? Estamos empezando mal.

En segundo lugar hay que despertar una conciencia crítica en los comunicadores, una vez que han salido, están formados y demás, en el uso del lenguaje, en la riqueza y las posibilidades que tienen para manejarse en un programa con jerarquía de matices. Descubrir riqueza en el lenguaje de todos los días es importante.

Pero los medios, no todos, ¿cómo actúan sobre el visor (en el caso de la televisión) o el auditor?. Operan como la doma del potro por parte del indio. Se ven las escenas brutales por televisión en las que se da vuelta el potro y voltea y achata  los jinetes. Es una cosa tremenda de la lucha del hombre contra la bestia. El indio, en cambio, parece un comunicador contemporáneo. Se acerca al potro, lo silba, con una varita le toca los verijas, para irle evitando las cosquillas. Después le pasa la mano, lo soba, lo habla. Continuamente así, poco más que con nosotros los medios de televisión y, cuando estamos ya preparados, suben sobre nosotros y estamos montados.

La segunda acción que hay que hacer es denunciar ante las autoridades para que asuman su responsabilidad y se pongan los pantalones. Es decir, que apliquen la multa y no la desvíen. ¿Por dónde le duele a un canal? Por el dinero. ¿Para qué se trabaja en televisión en la Argentina y en cualquier país del mundo? En el 98 % para ganar dinero. Si usted le quita dinero comienza entonces a modificar su condición.

En tercer lugar haga campaña con los anunciantes. ¿Cómo? Denunciando a los anunciantes que respaldan porquerías o pobreza lingüística en televisión. Entonces escriban a ellos y denuncien para que se den cuenta que están perdiendo público en televisión. Hay que entrar por el interés económico.

La selección de comunicadores. ¿Quién es hoy comunicador?. El que puede, no el que lo merece. El que puede qué? El que puede vincularse con una persona que lo recomienda y entra. Hoy vedette, mañana comunicadora. Hoy una sesión de “streap tease”, mañana comunicadora. Hoy cafetero de los canales de televisión, mañana director de un programa juvenil. Qué preparación ha habido?. Ninguna. Qué preocupación ha habido por manejar el instrumento más perfecto de comunicación que el hombre ha generado, que es la lengua y que es con lo que nosotros nos comunicamos con el público?. Ninguna. De modo que por ahí tendría que haber una mejora en los institutos de enseñanza. Las universidades, generalmente, no relacionan la teoría gramatical con la práctica de la lengua. Cada vez se ha dicho más que la gramática es fascista y la retórica no importa. Se empieza por esto y cada uno termina por echar hacia arriba la enseñanza de la gramática. El segundo para tercero, el tercero para cuarto y el que venga atrás que arregle y la gramática no se da. La gramática es simplemente una organización del discurso y un análisis de esa organización. Es una cuestión que cualquiera, que tiene dos dedos de frente, entiende que básicamente debe manejar.

La retórica es fundamental. Porque si usted es conciente, mediante el estudio de la retórica, de cuáles son los procedimientos por los cuales se seduce a alguien (por que no hay hombre al que no se lo seduzca), entonces ese ciudadano no es carne de cañón de un seductor.

Trabajar de la teoría a la realidad en casi todas las universidades no existe. La política del gobierno no es política clara acerca de qué hacer. Hasta ahora nos vamos quedando con un trabajo que decía Umberto Eco que es la lucha de guerrilla. ¿Cuál es?. La guerrilla semiótica. Ya que el gobierno no asume, ya que las autoridades no lo hacen, cada cual tiene que barrer su vereda. Si todo el mundo barre su vereda, el mundo estará limpio. ¿En qué consiste esto? Ganar la casa. Después la casa de al lado. Después la manzana. Esa es la guerrilla semiológica. La gente se cree que tomando (copando dice él) la sede de la RAI se va a cambiar la concepción del mundo. No. Eso depende de cómo mande usted un “zapping”. La publicidad sabe cual es la ley. Usted es un profesor argentino y ve una propaganda por televisión donde un hombre pone una mano por encima de un último modelo y una mujer escultural se le acerca y le rodea la cintura con un vaso de “whisky” en  la mano. ¿Qué le genera a usted?. Ganas de comprar el auto?. Y ese es el objetivo de la propaganda. Le genera rechazo frente al anunciante. Usted jamás con un pobre y mísero sueldo de profesor podrá acceder ni a la rubia, ni al auto ni siquiera a la botella de “whisky”. Se vuelve en contra.

Volvamos a la guerrilla semiológica. Volvamos a la guerrilla por el idioma en el lugar en el que usted trabaje. Es lo que decía Pitágoras: “Haz lo que haces”. Es decir si estás haciendo algo, ponte a hacerlo bien. Que hacemos los argentinos?. Hacer como que hacemos. Decir que hacemos y no hacemos. No hay que mirar tanto alrededor para ver qué pasa. Cada uno tiene que hacerse responsable  de cada cosa. Y hay que volver a la elementalidad del canto infantil del Antón Pirulero: “Cada cual, cada cual, que atienda su juego”. Muchas gracias.

ACLARACIÓN INEVITABLE I

El habla del doctor Pedro Luis Barcia tiene sus particularidades. A la sapiencia demostrada en sus dichos, plenos de citas y datos enriquecedores; a la  elocuencia con la que identifica sus exposiciones; a su gracejo y humor,  suma otras características que contribuyen a la seducción de los oyentes, obligados a un interesante esfuerzo intelectual para captarla en todas sus dimensiones.

Estas peculiaridades, sin embargo, incorporaron complicaciones al objetivo de alcanzar la mayor perfección posible a la tarea que me impuse a partir de la audición de su conferencia sobre “La lengua avulgarada y empobrecida en los medios de comunicación” el pasado 31 de julio en la sede Trelew de la Universidad Nacional de la Patagonia.

La trascripción de su conferencia no fue una tarea rápida ni fácil. A las características indicadas se añadieron  las siempre presentes carencias de mejores herramientas técnicas para la grabación y el ritmo impuesto por el orador a su exposición, posiblemente por la urgencia del tiempo y las limitaciones dadas por los horarios.

Las dificultades no fueron insuperables y, a  pesar de los casi seguros e involuntarios errores deslizados, creo que el resultado será valorado por quienes accedan al texto y puedan también conocer el rico y estimulante pensamiento del presidente de la Academia Argentina de Letras, expuesto durante su visita a Trelew con motivo del acto de ingreso a esa institución de la doctora Ana Virkel.

Hay que consignar también que no se trató de una conferencia cualquiera. Se abordó nada menos que una disertación de quien ha alcanzado la máxima jerarquía en las cuestiones idiomáticas del español en nuestro país y nos representa en entidades internacionales.

Al necesario e imprescindible cuidado que me impuse por el nivel del conferenciante, agregué entonces la responsabilidad que implica proporcionar una versión en la que abundan referencias y términos de uso infrecuente en la cotidianeidad, mixturados con  otros de uso más generalizado, popular y hasta vulgar, a lo que obligaba el tema de la conferencia, más allá de su marco académico.

A pesar de estas reservas, la riqueza del contenido de la conferencia se impuso a las formas y se alcanzó un texto que espero sea de utilidad. La fidelidad a lo expresado fue la principal preocupación y, cuando el giro de las palabras habladas obligó a una corrección para su transcripción escrita, se hizo con el mayor respeto posible, tratando de no desnaturalizar el objetivo original.

Solamente se debieron obviar algunos pasajes que, a modo de agregados, contribuyeron a cautivar a los oyentes. Me refiero a segmentos intransferibles y graciosos que solamente pueden ser apreciados en directo, pues estuvieron ornamentados con otros componentes del habla singular del doctor Pedro Luis Barcia. El goce exclusivo de esos pasajes quedará entonces para los asistentes a la conferencia.

Creemos que, no obstante las eventuales imperfecciones,  está garantizada la aprehensión y comprensión del importante aporte que nos dejó  este ilustre intelectual que estuvo nuevamente  en Trelew. El texto apunta justamente a contribuir a su mayor difusión y conocimiento. (Agosto de 2003).

ACLARACIÓN INEVITABLE (II)

La conferencia de Pedro Luis Barcia fue grabada y transcripta en 2003. Desde entonces y hasta este momento han pasado casi doce años. Un hallazgo fortuito me cruzó nuevamente con este texto invalorable. No estaban por entonces muy difundidas estas herramientas de comunicación digital. Su relectura me produjo el mismo encanto de aquella primera oportunidad. El tema no ha perdido vigencia. A pesar de estar alejado de la pantalla televisiva hace muchos años y en vías del mismo proceso de las audiencias radiales me parece que los conceptos vertidos conservan actualidad. Por eso esta reiteración. Pedro Luis Barcia ya no ejerce la presidencia de la Academia Argentina de las Letras pero su diagnóstico conserva la misma preocupación de hace más de una década. Sus propuestas con ese decir inigualable, fresco, rico y  claro, siguen teniendo actualidad. (Marzo de 2015)

Miguel Machesich

Anuncios

Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
Esta entrada fue publicada en Personajes. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s