VALLE DE LOS MARTIRES. Los galeses que quedaron para siempre en la soledad patagónica.

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Horacio Marras recreó en esta imagen el célebre salto del Malacara. (Edición El Regional – 1975)

“El sábado cuatro de marzo se asomó el sol lentamente en el horizonte y yo agarré el mejor caballo, el Malacara, con el fin de cazar algunas liebres maras que habían por los recodos del río, algún avestruz o cualquier otro animal que nos proporcionara carne. Todo este tiempo habíamos viajado carabina en mano, pero ahora pensábamos que no sería necesario y así las pusimos en el carguero menos dos revólveres y sables, de esta manera viajaríamos más descansados”.

El relato alude a un hecho ocurrido en 1884 y pertenece a John Daniel Evans, un joven de poco más de 20 años por entonces que formaba parte de un grupo de cuatro colonos galeses que realizaba una expedición por el interior del territorio de la actual Provincia del Chubut.

La llamada Campaña del Desierto y la presencia de tropas nacionales en la Patagonia habían alterado por entonces el clima de convivencia y creciente relación entre galeses y pueblos originarios, generando desconfianzas y recelos propios de la aparición de actitudes de fuerza, persecución y acorralamiento. Esta explicación fue desarrollada por Abraham Matthews en su “Crónica de la Colonia Galesa de la Patagonia” en su relato de aquel ataque al grupo galés en el hoy Valle de los Mártires.

La recorrida se había puesto en marcha a fines de 1883 desde Trerawson, primer asiento estable galés en la Patagonia, y tuvo en aquella jornada su episodio culminante cuando un ataque aborigen terminó con la vida de tres de aquellos viajeros mientras el cuarto protagonizó la huida y célebre salto de un barranco con su caballo que le salvó la vida y permitió el regreso a su casa paterna de Glyn Du, en proximidades del pequeño poblado de la colonia galesa.

El salto, estimado en 3,60 metros por su protagonista en aquel momento, transformó a Malacara 17 - copia“Malacara”, dueño también de una particular historia, en uno de los más admirados caballos del Chubut, junto a los también célebres “Gato” y Mancha” de los campos del sur que realizaron el también célebre trayecto internacional de 21.500 kilómetros en la década del ’20. Su tumba se encuentra desde 1909 en la localidad de Trevelin, asentamiento final de su propietario, nacido en Gales en 1862 y fallecido en Chubut en 1943.

Entre las actividades preparadas en el marco de la celebración del Sesquicentenario del arribo galés al Chubut, para este sábado 7 de marzo se ha organizado una expedición al Valle de los Mártires para un acto conmemorativo en memoria de los jóvenes galeses caídos el 4 de marzo de 1884.

Relato

Evans Evans memora aquellos momentos de hace 131 años en un diario personal que integra el libro “John Daniel Evans, El Molinero” Una historia entre galeses y la Colonia 16 de Octubre”, impulsado por su nieta Clery A. Evans. Un adelanto se había conocido en una edición especial de la publicación El Regional con temas de historia provincial, impreso en Junio de 1975.

“Yo arriaba la caballada al lado derecho, Parry a mi izquierda, después John Hughes y último Richard Davies, formábamos un pequeño círculo para arriar catorce caballos sin pensar en nada, despreocupados, sin siquiera mirar atrás. Cuando de pronto sentimos un tremendo aullido y grito de guerra de los indios e inmediatamente la atropellada de los caballos”, dice uno de los párrafos.

“Eché una mirada hacia atrás y vi sus lanzas brillar al sol, nos cerraron en círculo; sentí el chuzazo de la lanza en mi paleta izquierda y antes de que pueda reaccionar vi a Parry caer a la tierra con una lanza clavada al lado derecho y no se si los otros compañeros estarían heridos porque hasta ese momento se mantenían sobre sus caballos”.

“Clavé la espuela en las costillas del Malacara, rompí el primer círculo de lanzadores y un indio que se encontraba a retaguardia detrás del círculo tomó su lanza con las dos manos y me la arrojó; logré desviarla con mi brazo y la vi clavarse en la arena al lado de mi caballo y antes de que tuvieran una segunda ocasión mi Malacara en dos saltos había salido de su alcance y disparaba dando tremendas brazadas a todo lo que daban sus patas hacia el noroeste y un tropel de indios me seguía”, continúa.

“A unos trescientos metros adelante corría un zanjón hondo por el cual bajan las aguas de lluvia desde la loma, era un lugar muy conocido por los indios y por mí, sus intenciones eran arrinconarme contra el zanjón para bolear mi caballo ese era mi tremendo miedo.

“Yo tenía en mano mi revólver listo pero era de pésima calidad y en su tambor tenía cuatro balas que las reservé hasta último momento por si fuera capturado. Estaba bien seguro que a uno o dos de ellos bajaría por lo menos”.

“Me veía acorralado. El zanjón tenía una altura aproximada de tres metros sesenta, en el fondo del mismo había arena blanda. El caballo creo que percibió mi intención, y obedeció a mi desesperada orden, salto al fondo del barranco y calló extendiendo, manos y patas abiertas De repente se levantó dando un brinco, yo me mantenía aferrado al recado del terror que sentía, sin lastimarse, sin detenerse, franqueó el nuevo obstáculo, un barranco más bajo”, recuerda el joven jinete que había llegado en el Mimosa con sus padres cuando tenía tres años.

Regresos y homenajes

John Daniel Evans

John Daniel Evans

El baqueano Evans realizó luego un viaje de ocho días para saber el destino final de sus compañeros junto a un contingente más numeroso de colonos. “Buscando entre las matas de cortaderas donde los indios habían hecho campamento para comerse las liebres que traíamos, encontramos la picota y la pala que yo tenía y con estas herramientas abrimos la tumba para sepultar juntos a mis tres compañeros. Hasta hoy nunca más pudimos encontrar algunas de las partes que faltaban de los cuerpos de mis compañeros. A cien metros aproximadamente, al norte del lugar, donde fueron sacrificados, se encuentra actualmente la tumba”, escribió posteriormente en su diario.

A consecuencia de esta gran tragedia, este lugar fue llamado “Dyffryn Y Merthyron” (Valle de los Mártires) y el paso del río en este lugar se llama “Rhyd Y Beddau” (Paso de las Tumbas).

El himno Millar de Maravillas se cantó de tal forma en aquella ocasión que “a pesar de haber transcurrido muchísimos años mantengo el recuerdo de aquel momento vivido en medio del desierto, donde reposan mis compañeros en su descanso en medio de semejante soledad”, agregó.

Malacara 16Treinta años después el sobreviviente Evans retornó al lugar y colocó una columna de mármol en el Valle de los Mártires donde dice: “En memoria de Richard D. Davies, John Parry y John Hughes, los que fueron asesinados por los indios después de haber incursionado por el interior del territorio el 4 de marzo de 1884”.

Aquel homenaje póstumo, más otros que se fueron sumando con el tiempo, entre ellos placas recordatorias y carteles con referencias históricas, permanecen aún en ese lugar solitario y escondido, situado en proximidades de Las Plumas en un sector ubicado a la vera de la ruta nacional N° 25.

Hasta ese mismo lugar llegarán este sábado 7 de marzo los descendientes de aquellos pioneros. El objetivo es recuperar la memoria de aquel hecho trágico y rendir un homenaje a sus víctimas.

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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Una respuesta a VALLE DE LOS MARTIRES. Los galeses que quedaron para siempre en la soledad patagónica.

  1. Omar Castro dijo:

    Esta historia la leí en un suplemento dominical de un diario local (Diario de Cuyo) de San Juan, hace más de diez años. La historia me cautivó tanto que juré conocer la tumba del Malacara, algún día, cosa que hice el verano del 2015. Ahora voy por el Valle de los Mártires y ya cierro la historia. Espectacular historia, vale agregar que Trevelin es el lugar soñado para el retiro.

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