Margarita Chiquichano: DE YALA LAUBAT A LA CALLE FLORIDA. La vida de una chubutense que siempre vuelve.

100_6146 - copia            Margarita Baldomera Chiquichano nunca imaginó los avatares que le deparaba la vida cuando hace sesenta años inició desde Chubut un larguísimo viaje hacia el norte en automóvil. “Me acuerdo bien de los cruces de los ríos en balsas y de los caminos interminables y sin asfalto hasta llegar, especialmente en esta parte de la Patagonia”.

El destino final era la ciudad de Buenos Aires y significó el comienzo de una serie de vivencias que la hizo partícipe o testigo de hechos impensados para una jovencísima muchacha nacida en Yala Laubat, en plena meseta patagónica.

Margarita es la mayor de un grupo de siete hermanos, hijos del matrimonio compuesto por Zacarías Chiquichano y Elisa Ferreira, que llegó a Trelew a mediados de la década del ’40 desde aquel paraje chubutense. “Mis padres se radicaron acá con sus tres primeros hijos. Yo fui la mayor. Después se fueron agregando los restantes y acá nos criamos todos”, cuenta en estos días en que ha regresado a esta ciudad, tal como ha hace habitualmente en estos últimos años, para reencontrarse con sus hermanos y sobrinos.

A Rawson

             “En aquel tiempo Trelew era la nada para mí. Extrañé mucho y no me gustaba. Siempre les decía a mis padres que quería volver a Yala Laubat”. El deseo del retorno persiste hasta hoy. Por ahora no se pudo cumplir pero Margarita no ha perdido las esperanzas y confía “en volver a ver nuevamente aquel lugar donde nací, aunque me digan que no han quedado ni restos de aquella época”.

Todavía era una niña cuando problemas de salud que persistían y la necesidad de comenzar a ayudar a la economía familiar la llevaron de Trelew a Rawson. “Prácticamente pasé a formar parte de la familia del Dr. Jorge Eduardo Picerno y su esposa, unas personas muy buenas y muy queridas por todos. Ellos tuvieron una hija con la que compartía juegos y cuidados”.

Picerno fue un importante protagonista del gobierno peronista de aquella época en el Territorio del Chubut y llegó a ocupar el cargo de gobernador durante los años 1950-51.

A Buenos Aires

Con el asentimiento de sus padres comenzó a viajar con ellos a Buenos Aires y allí terminó de integrarse con la familia, compartiendo incluso todas sus actividades sociales. “De punta en blanco y preparada para cada ocasión llegué a tomar el té en Harrods o a recorrer Gath y Chaves en la calle Florida”, recuerda hoy entre risas, al mencionar a estos importantes centros de la vida comercial y de encuentro de los sectores más encumbrados de la sociedad porteña.

El recuerdo más nítido y emotivo que guarda de aquellos días, sin embargo, es la visión de Eva Perón al saludar a la concurrencia del Teatro Colón en la velada conmemorativa del 25 de Mayo de 1952. “Nunca lo olvidaré. Evita era una mujer de una belleza incomparable. Por entonces ya estaba muy enferma”, señala, aludiendo a su posterior e inmediata muerte a fines de julio de ese mismo año. “Ese fue otro hecho que viví en directo, especialmente porque pude ingresar a su velatorio y compartir el dolor de todos por esa partida de la esposa del presidente Juan Domingo Perón”.

Las alternativas que desembocarían en el derrocamiento del gobierno justicialista por la Revolución Libertadora en 1955 provocarían distintas consecuencias en aquella familia que la contenía en Buenos Aires. “Al final se tuvieron que ir del país y yo después de un tiempo corto volví a Trelew para ver a mis padres”.

Actividad gremial

Margarita no tenía todavía 20 años pero ya estaba “ganada” definitivamente por Buenos Aires y allí regresó para tratar de obtener una ocupación y rehacer su vida. El encuentro con Adolfo Rodríguez Saá (tío del político de la época actual) la conduciría al matrimonio con dicho integrante de la numerosa y célebre familia de San Luis, circunstancia que no provocaría más efectos que un simple compartir el apellido. El trabajo de su marido como encargado de edificios la introduciría luego en ese mundo laboral y le permitiría incorporarse a la actividad del SUTERH (Sindicato Único de Trabajadores de Edificios de Renta y Horizontal).

En ese ámbito, donde se ligó el sobrenombre de “Chiqui”, compartió luchas y gestiones con el histórico José “Pepe” Santa María, un dirigente que marcó una etapa de lucha y consolidación de la entidad gremial que hoy conduce Víctor Santa María. “Fui delegada y llegué a congresal y a trabajar en el Secretariado del sindicato”, enumera con orgullo.

Margarita añora aquellos intensos tiempos de defensa de los derechos de los trabajadores que le permitieron protagonizar también un intercambio con el presidente Néstor Kirchner en Buenos Aires.

“Hacía poco que había asumido su cargo y en un encuentro gremial lo saludé. Inmediatamente asoció mi apellido con mi hermana Rosa. Cuando le aclaré el parentesco se asombró y me recomendó volver a la Patagonia. “Pepe” Santa María respondió por mí: ustedes tienen allá a Rosa, nosotros la queremos y la tenemos acá a ella”, replicó a Kirchner.

Hora del descanso

Hace dos años obtuvo su jubilación. “Llegó la hora de descansar”, afirma. Sus dos hijos (un varón y una mujer) le dieron once nietos. “Algunos son porteñitos y otros mendocinos”, dice hoy, en una extensa charla en la casa de su hermana María y su sobrina Claudia en Trelew.

“Ahora con más tiempo y sin mayores obligaciones tengo más tiempo de volver a Chubut. Siempre vuelvo y volveré a este lugar”, agrega. En Chubut están  sus hermanos, entre ellos Rosa Laudelina que ocupó cargos electivos como legisladora nacional y provincial y se proyectó como una referencia obligada de las cuestiones vinculadas con los pueblos originarios.

Hace unos años visitó nuevamente Rawson después de casi sesenta años. “Quería volver a ver aquellos lugares donde viví con la familia del gobernador Picerno y observar la vieja Casa de Gobierno. “Encontré todo cambiado. Las hamacas en las que jugaba, los higos o las uvas que comía por entonces, ya habían desaparecido pero fue una experiencia hermosa recorrer nuevamente aquellos espacios de mi vida”.

El retorno periódico a Chubut reconoce también un poderoso motivo. El esperanza incumplida de Margarita Baldomera Chiquichano es volver a Yala Laubat, su lugar de nacimiento al que aspira ver nuevamente y del que conserva muchos recuerdos vinculados con sus raíces. “Estoy segura que lo haré. Sólo estoy esperando el momento”, confía. Quien la escucha sabe que será así. Su apellido la enlaza con personajes distinguidos de la historia patagónica. La vida la llevó por impensables y lejanos caminos pero su estirpe tehuelche permanece invariable. A pesar de todo.

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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