Rawson. 150 años. EL RECUERDO ETERNO DE LOS CARNAVALES EN LA CAPITAL DEL RUIDO

La consagración de la reina, una esperada actividad.

La consagración de la reina, una esperada actividad.

Las fiestas del carnaval distinguieron y proyectaron a Rawson como la capital del ruido al iniciarse la década del ’70. Una sucesión de encuentros anuales con gran protagonismo popular por aquellos años conjugaron esfuerzos y recursos creativos de distintos sectores de la comunidad capitalina.

Rawson, con una población que superaba por entonces las 7.700 personas, vivió en aquel período una generalizada y dinámica etapa de proyectos en marcha y novedosas experiencias con una fuerte y amplia participación de los sectores juveniles.

La elección de la más bella del carnaval.

La elección de la más bella del carnaval.

Los carnavales de Rawson, que marcaron aquel tiempo especial y dieron esa sonora identificación a la capital, se insertan en ese contexto de realizaciones comunitarias que se irradió también a otros ámbitos como la educación, la cultura, la producción, las artes y la política. El denominado “Rawsonazo”, la más contundente y masiva expresión de protesta popular de la historia de la ciudad, se ubicó en estos agitados años.

Los bailes en el Rancho de Germinal, un complemento de los festejos.

Los bailes en el Rancho de Germinal, un complemento de los festejos.

La ciudad había agotado entonces el ciclo de crecimiento edilicio iniciado a partir de su designación como capital de la nueva provincia surgida con sus primeras autoridades constitucionales en 1958. Nuevas necesidades, nuevas inquietudes, nuevas iniciativas comenzaron a germinar y a plantearse en el seno de distintos espacios de la sociedad, apuntando en su mayoría a no perder ese rumbo  y a jerarquizar lo que había sido el primer asentamiento humano, organizado y permanente, de la Patagonia Sur.

Generalizado dinamismo

Aquella década estuvo signada por el surgimiento de nuevas escuelas, en particular de nivel medio, por iniciativa de los mismos vecinos, que fueron origen de actuales y concurridos establecimientos (Escuela Politécnica, Escuela Nacional de Comercio). Instituciones civiles como la Asociación de Bomberos Voluntarios o deportivas como el Club Bigornia, entre otras, también se fundaron en los mismos años. El período mostró también los primeros proyectos productivo-fabriles ajenos a la actividad pesquera y un esbozo de un parque industrial de tipo textil; la extensión de primeros servicios a los barrios alejados del centro; la aparición de nuevos proyectos urbanísticos, la consolidación de de Playa Unión como centro de atracción turística en el verano; una actividad artístico-cultural con gran variedad e intensidad y la apertura de nuevas alternativas a la militancia social y política de los jóvenes.

Los Montero: Un símbolo de un tiempo creativo.

Los Montero: Un símbolo de un tiempo creativo.

Rawson exhibía hasta entonces las prácticas recreativas y de diversión comunes a los pueblos del interior del país. El cine bar Roselli con sus célebres funciones cinematográficas y teatrales, el Rancho del Club Germinal con sus bailes y espectáculos y otros espacios barriales se ofrecían como lugares para la música, el baile y el encuentro.

Bichos Malditos, un conjunto de la época.

Bichos Malditos, un conjunto de la época.

Hacia los ’60, las nuevas expresiones musicales llegaron también a los jóvenes de Rawson y dieron marco a esa etapa de ebullición. Los Montero lideraban esas manifestaciones con distintas formaciones hasta que se transformaban en el Grupo 70, un número simbólico que aludía al año de conformación. Los Bichos Malditos y otros grupos con otras propuestas se sumaron a la actividad de bailes y presentaciones.

A las calles

Con el inicio de la década del ’70 el espíritu festivo se rescató, se revitalizó y se proyectó a nivel de las calles capitalinas con las fiestas anuales del carnaval. Los corsos de Rawson fueron ganando fama a escala regional y se convirtieron en principal atracción de la zona.

Una propuesta estimulada desde el gobierno municipal de entonces, una vocación participativa y amplia de diferente origen para asumir la responsabilidad de las tareas organizativas   y un acompañamiento popular que alentó el emprendimiento fueron los principales factores que se fueron anudando para hacer crecer una iniciativa genuina, que identificó una época de la historia ciudadana.

La Agrupación Juvenil “El Parche”, impulsora luego de otras novedosas actividades sociales y deportivas (rugby, competencias náuticas en el río Chubut) integró ese conjunto de protagonistas de aquel esfuerzo compartido y algunos de sus integrantes reivindicaron con los años esas ganas de hacer y responder al acompañamiento que tenían con sus propias iniciativas.

“Como uno de los apoyos a todas las iniciativas de la agrupación venía de las autoridades comunales, “El Parche”, un poco en devolución, empezó a colaborar con ellas en la organización de los Carnavales del ’70. Fue entonces cuando construimos un inmenso Rey Momo en cercanías de la Legislatura. Ese año hubo muchas carrozas, todos los vecinos de prendieron y la verdad es que una era mejor que otra”, recordaron alguna vez sus integrantes.

“En realidad, nosotros lo que queríamos era reflotar los antiguos carnavales que según recordaban nuestros padres se hacían en nuestra ciudad y que ellos contaban eran una verdadera fiesta”, agregaron.

Colorido circuito

La calle Moreno, plena de luces y público.

La calle Moreno, plena de luces y público.

Máscaras, carrozas, comparsas y disfraces, producto del esfuerzo sostenido y de la creatividad de grupos de chicos, jóvenes y adultos con gran vocación participativa, se convirtieron en la atracción obligada de las noches de Rawson, en un colorido circuito a lo largo de una calle Moreno, plena de luces, brillos y ritmos.

La entrega final de premios a los mejores disfraces individuales y grupales, el sorteo de un vehículo entre la concurrencia, la elección de la reina anual y sus princesas y los bailes de cierre fueron los principales hitos de un tiempo que identificó a la ciudad y le estampó una característica que todavía se suele escuchar con nostalgia.

Con el correr de los años, la implantación de regímenes de fuerza y la aparición de nuevas actividades, implicaron el cierre de aquellas  iniciativas de participación y alegría. La reapertura democrática de 1983 influyó en cierta manera con el regreso de las mismas condiciones. Las propuestas comenzaron a surgir especialmente en los barrios de una ciudad que por entonces había duplicado el número de su población. En distintos períodos de gobierno se intentó revitalizar el espíritu de los viejos festejos, con resultados dispares. En la actualidad coexisten distintas y entusiastas comparsas y grupos representativos de distintos sectores urbanos, con gran reconocimiento e importantes premiaciones en los carnavales de la zona. El viejo espíritu carnavalesco  de Rawson espera aún, sin embargo, su gran retorno a la capital del ruido.

(Publicado en Suplemento EL ZONAL DEL VALLE – Diario EL CHUBUT – 18 febrero 2015)

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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