Una vida en el mar. JUAN IGLESIAS: EL DUEÑO DE LOS SECRETOS DE PUERTO RAWSON.

Llegó al Chubut en 1951 y participó de las mejores épocas del trabajo J. Iglesias (3)pesquero. Su memoria guarda nombres, hechos y las pequeñas historias de una actividad que, en su momento, identificó a nuestra ciudad. El diálogo con uno de los últimos exponentes de un tiempo de sacrificio. A los 86 años sigue yendo el muelle, “aunque sea a mirar el mar”. “Los marineros de antes ya no existen más. Todo cambió”.

Nació el 2 de enero de 1926 en la zona de Balcarce y llegó a Rawson en 1951, con poco más de 20 años. Nombres de personas y barcos, relatos con las más variadas peripecias y experiencias en alta mar y las eternas luchas de ese sector se suceden en cualquier charla con Juan Iglesias, una imagen obligada y habitual para quienes transitan por nuestro puerto.

Su padre era originario de Pontevedra y su madre de Lugo, ambos de Galicia, y se sumaron a una colonia de 300 inmigrantes españoles asentados en aquella zona de la Provincia de Buenos Aires. El matrimonio tuvo cuatro hijos, entre ellos el pequeño Juan.

De la niñez recuerda “cómo los colonos, que cultivaban diferentes superficies, hacían una sola cuadrilla y  se ayudaban entre sí cuando llegaban los meses de la cosecha de la papa para después irse a la cosecha fina”.

En una entrevista con Rawson Visión, Juan Iglesias (imagen) recuerda también un accidentado viaje cuando de pibe se quedó dormido y se cayó de una chata de su viejo con la que fleteaba hasta 120 bolsas hasta la estación.  Y también las estrictas costumbres familiares en el campo. “A las 12 comían los mayores y nosotros a las 11, siempre calladitos” y con la presencia permanente de un látigo con una amenazante trenza que todavía conserva una de sus hermanas en Tandil.

A los doce años tuvo que empezar a trabajar en el campo en el cuidado de unos chanchos y dos años después tuvo su primera experiencia en la captura de unos pescados, “siete u ocho bagres”,  con un caracol como carnada, en uno de los canales que se formaban siempre allí por las grandes inundaciones de aquella época.

De aquel tiempo recuerda también sus labores en el campo. “En el tiempo de la cosecha no había Navidad ni Año Nuevo. Tampoco sábados ni domingos. Todos los días eran de trabajo”

El empeoramiento de las relaciones con su padre lo llevaron a partir de la casa familiar y a trabajar en un hotel en Miramar donde conoció a Manolo, un mozo español que lo ayudó a salvarse del servicio militar cuando tuvo que hacer la revisación médica en Parque Camet (Mar del Plata).

La llegada

Pica Juan Iglesias - copia           Un tal Antonio García fue la persona que lo acercó al mar al invitarlo a embarcarse para venir a hacer la temporada de pesca en la Patagonia en 1951. “Este hombre siempre hablaba del Chubut y acá vine y  me quedé. Al principio me embarqué a trabajar en el barco de Alberto Olanda”.

En aquel tiempo “no había nada en el puerto de Rawson. Sólo miles y miles de avutardas. Y hasta las ovejas y corderos de los campos cercanos llegaban al muelle”, cuenta Juan al evocar el tiempo de su arribo.

“No había electricidad ni agua potable. Nos iluminábamos con faroles Petromax y los primeros doce palos que se colocaron para que llegara la luz los pagué yo. Eran los tiempos del gobernador Jorge Galina. El agua llegaba en camión pero el agua del río estaba limpio y cristalino y la usábamos en una tina para lavarnos”.

Una lancha que estuvo tirada un montón de años en Patagones luego de un accidente en el mar atrajo su atención y la de su amigo Luis Bastida a mediados de la década del ‘50. Era la San Juan Cayetana, matrícula N° 10.387, que con el paso de los años donó al zoológico de Rawson.

Tras su rescate y traslado a Rawson, Juan Iglesias hizo los trabajos de carpintería y calafateado. Hacia 1959 ya estaba lista pero faltaba lo principal: el motor: “Y decidimos encarar al gobernador de entonces, Jorge Galina, quien nos brindó apoyo”. Con el mismo Luis Bastida compartieron también un camión con motor Perkins inglés pero “al final yo me quedé con la lancha (la primera propia)  y Luis con el camión”.

El Pica I

Una parte sustancial del relato de Juan Iglesias está en la historia del Pica I (imagen), del que PICAsiempre fue el patrón. El barco también estaba tirado y hundido en el puerto después de una larga y complicada historia. “Me interesó y empecé a averiguar a quien pertenecía. Al final hicimos un plan de pago con el dueño y empezó el trabajo de recuperación para sacarlo a flote y equiparlo con lo que saqué de la primera lancha chica. Con un crédito del Banco compré el motor. En un año lo pagué y hasta el día de hoy no debo ni un solo centavo”, cuenta acerca de su barco hoy bajo responsabilidad de su hijo Leo.

“En el año 1962 comencé a trabajar con el Pica I”, un barco con una calidad de origen desde su misma construcción y con el que navegó durante años, viviendo todos las alternativas propias de una actividad en alta mar como marejadas, vientos fuertes, tormentas y desperfectos imprevistos como el que lo obligó, alguna vez, a regresar sin timón y con solamente a impulso de la vela durante toda una noche desde la zona de Camarones.

“El 99 % de los accidentes en el mar son por fallas humanas”, advierte al ser preguntado acerca de los naufragios en el mar que le tocó observar en su larga carrera portuaria. Entre los que mayor recuerda está el de El Pocho, en febrero de 1961, cuyos detalles permanecen en su memoria. El tema, sin embargo, lo lleva a comparar críticamente aquellas viejas pero más seguras embarcaciones de la flota amarilla con las más modernas, más proclives –a su criterio- a los siniestros.

“Los marineros de antes no existen más. Los cajones de madera pesaban 20 kilogramos. Le poníamos 30 más con el pescado y hacíamos 50. Y había que subirlos al muelle y después al camión”, señala al repasar la esforzada metodología del trabajo cotidiano de los marineros, además de destacar la fidelidad y permanencia de la misma gente en los barcos durante muchos años.

“De mi tiempo ya no queda casi nadie”, dice mientras memoriza nombres de otros patrones y marineros como Antonio Ujaldón, Jesús Llamazares, Roque Godio y Víctor Gómez, además de los barcos de su tiempo como El Juncal,  el Stella Maris o La Paloma, entre muchos más.

Recuerda también la prueba la experiencia particular que significaba el trabajo con tiburones y bacotas, a los que había que “subir al muelle y clasificarlos para después limpiar los muelles de madera”.

Los cambios

Pica Juan Iglesias 01 - copia         “La forma de trabajar cambió totalmente, Antes había hasta cien patrones. Ahora quedan muy pocos. Los barcos pasaron todos a las fábricas. La flota amarilla se terminó”, indica, rescatando la lucha de mucha gente durante cuarenta años por el tema de los permisos.

Juan Iglesias sigue firme en su defensa del trabajo y de un mejor reconocimiento a quien hace el mayor y verdadero esfuerzo en la captura. Sus conocimientos y experiencia lo transformaron en interlocutor y vocero ante distintas autoridades para tratar los problemas del puerto, la limpieza del río y los proyectos de ampliación de las escolleras, además de distintas propuestas para mejorar la operatividad y la labor de los barcos.

Con ese objetivo llegó a entablar un diálogo directo con gobernadores de distintas épocas y hasta en Buenos Aires hizo escuchar su voz para fundamentar pedidos, denunciar situaciones y cuestionar planes oficiales.

A los 86 años sigue siendo casi un vigía permanente en Puerto Rawson. “Aunque sea voy a mirar y aunque todo haya cambiado por completo”. Y cuando se despide se le ilumina la cara, se pone un abrigo y enfila hacia el viejo muelle.

(Publicado en semanario RAWSON VISIÓN – N° 51 – 16 de marzo de 2014)

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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