Sus testimonios forman parte de un libro de Viviana Ayilef. A DOS AÑOS DE UN VIAJE LARGAMENTE ESPERADO POR VETERANOS DE GUERRA DE RAWSON.

Libro Ayilef

El libro de Viviana Ayilef

En 2012 se cumplieron 30 años de los episodios bélicos en Malvinas y cuatro ex soldados combatientes de Rawson se juntaron por entonces para cumplir un meditado y esperado viaje. La partida se produjo el viernes 10 de febrero de aquel año desde el monumento malvinero en el predio de la Legislatura Provincial con destino a Río Gallegos. Desde la capital santacruceña iniciaron el periplo aéreo que los trasladó luego a las mismas islas que habían pisado y defendido hacía tres décadas.

“A mí lo primero que me emocionó fue cuando íbamos todavía en vuelo y vimos la silueta Malvinas 2012 02de las islas. Esa fue la primera lágrima, porque era volver a un lugar en el que había dejado muchas cosas, muchos recuerdos y muchos compañeros”. Eduardo Vidal, integrante de aquel cuarteto viajero, recuerda así sus impresiones de aquella experiencia que compartió con otros integrantes del Centro de Veteranos de Guerra de Rawson.

Honores

 “El principal objetivo era poder rendir honores a nuestros compañeros, lo cumplimos el primer día. Llegamos el sábado a la tarde y como el domingo a la mañana nos entregaron los vehículos salimos directamente al cementerio. En mi caso el solo hecho de haber ido al cementerio a visitarlos fue descargar una mochila bastante grande, fue lo que me ayudó a estar en las islas, recorrerlas y visitar todo”. Las vivencias pertenecen en este caso a Francisco José Asturi, otro del grupo junto a  Luis Angel Susmelj y Carlos Fernández,

Malvinas 2012 05 La permanencia de los combatientes chubutenses se prolongó durante una semana. El regreso al continente fue el sábado 18 de febrero. Las emociones fueron duras e interminables en el transcurso de esos siete días en los que llegó un momento “en que no te daban los ojos para mirar tanto”.

Fragmentos

 Los testimonios de Eduardo Vidal y Francisco José Asturi forman parte de “Malvinas en fragmentos”, un libro  de Viviana Ayilef, editado por la Secretaría de Cultura de la Provincia en 2012 y correspondiente a la Convocatoria 2011 del Fondo Editorial Provincial.

“Este no es, radicalmente, un libro de historia. Es un compendio para ejercer memoria. Es un entretejido de relatos que conmueven por todos los significados de un término anguloso: Malvinas”, se indica en la contratapa de la obra, encuadrada en el rubro “Narrativa testimonial”.

Los discursos sobre Malvinas son muchos y complejos. “Nuestra intención fue reunir aquellos materiales que por su diversidad de fuente, de género y de perspectiva, podían forzar las fronteras adjudicadas tradicionalmente a un trabajo de historia”, señala la autora en el prólogo, al que se suma una introducción y tres partes, más un anexo y un epílogo, conformando un conjunto de testimonios, poemas, cartas y aportes desde las ciencias sociales.

“Crónica de un regreso”, con las palabras de los ex combatientes de Rawson obtenidas mediante una entrevista de Silvia Soto, es uno de los títulos de la Segunda Parte de “Malvinas en fragmentos”.

Otra emoción fuerte de Eduardo Vidal fue la observación de los restos dejados por los Malvinas 2012 08bombardeos contra las fuerzas argentinas. Y al verificar las distancias  de los disparos no pudo encontrar las razones para explicar cómo había salido indemne de aquel fragor indetenible.

Viento y nieve

 Otra instancia clave de la presencia del grupo fue en el cementerio junto a los combatientes caídos. “Un día muy malvinero, con lluvia y viento del sur. El aguanieve te caía en la cara y parecía nieve. Fue muy emocionante pero nos faltaba el homenaje a nuestros compañeros, en el lugar en el que quedaron. No se escuchaba nada más que el zumbido del viento. Estuvimos una tarde ahí. De las 230 cruces sólo 121 son conocidas por Dios”.

El grupo de viajeros, que integraron también allegados y periodistas de Rawson, tuvo un componente especialísimo. Tres de los cuatro ex soldados lo hicieron con sus hijos y esa presencia ha quedado también reflejada en el relato incorporado en el libro de Viviana Ayilef.

“Supieron mantener el respeto y el silencio que se necesitaba en cada lugar. Yo decía que este viaje les iba a abrir la cabeza a los chicos con respecto a la causa Malvinas. Y la conclusión que saco es que ahora nos entienden un poco más y comprenden por qué nosotros seguimos con esta lucha. Al haber estado, ellos lo ven de otra forma”, señala Asturi.

Las actitudes agresivas de los locales, las provocaciones y la vigilancia; las comparaciones con nuestro país donde se permite que cualquier joven luzca una bandera inglesa en su remera sin problema;  los cráteres de las bombas que picaron entre ocho y diez metros entre sí; decenas de testimonios desparramados por los campos de guerra de lo que se puede llamarse “turismo bélico”, son algunas de aquellas vivencias acumuladas durante la presencia en las Islas Malvinas.

Pero hubo algo más importante: la característica turba malvinera que lograron transportar al continente tras superar los controles finales. Parte de esa tierra irredenta se encuentra hoy en los monumentos de Rawson y Playa Unión, como símbolo imperturbable de una deuda pendiente.

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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