TITO CORADINI: EL BANDONEONISTA MAYOR DE RAWSON QUE PERDIÓ UNA “R” EN EL MAR. “La música es terapéutica”, dice a los 83 años.

Tito Coradini 03 Su abuelo Mariano fue uno de los primeros italianos que llegó a Rawson y protagonizó la creación de la Sociedad que agrupó a los inmigrantes de ese origen hace más de cien años. Lo hizo junto a Francisco Pietrobelli, otro recién venido que después se trasladó a otras zonas del Chubut e intervino en el surgimiento de Comodoro Rivadavia.

Aquel inmigrante portaba una doble “r” en el apellido que reforzaba la segunda sílaba. Siempre decía que viniendo de viaje de Italia para América se la había caído una “r” al mar.

“A mi padre ya lo asentaron acá como Coradini y así recibí yo el apellido”. Tito, cuyo nombre de pila es Ernesto, cuenta aquellos recuerdos familiares en su casa de la calle Piedrabuena de Rawson junto a sus pequeños y bullangueros perros, mientras muestra con orgullo un reconocimiento recibido en 2008 en la Sociedad Italiana por la participación de su abuelo en la creación de la entidad que aún perdura en la capital del Chubut.

El extenso diálogo con Rawson Visión Semanario, originado a partir de la recordación del Día de la Música y con el fin de reflejar a un intérprete reconocido por sus pares como símbolo de esa actividad, obligó a obviar otras facetas de su vida como su paso laboral como empleado del correo local y en otras tareas de la ciudad.

Acercamiento 

“Mi madre tocaba la guitarra y cantaba. Lo hizo hasta que se enfermó y no se repuso más. Yo soy Coradini pero me crió Rafael Suárez, quien tocaba muy bien la verdulera, el acordeón de dos filas. Trabajaba en la Policía y cuando se iba a la guardia yo le usaba el instrumento para practicar. Tenía 15 a 16 años. Un día volvió y me encontró. Cuando me escuchó y se enteró quien estaba tocando me autorizó a seguir haciéndolo”.

Con el tiempo, el mismo Rafael le trajo un bandoneón nuevo de Buenos Aires, donde había viajado para operarse en el Hospital Británico. “Ya superado su problema, vino con regalitos para todos y yo ni soñaba lo que podía haber es aquel paquete que recibí”.

Tito ya había alcanzado los 21 años y su primo Gumersindo, que ahora está en Lanús, le enseñó los primeros acordes en el bandoneón. Así pudo dominar los conocimientos básicos de las tonalidades

Con esa base mínima, todo lo que vino después lo hizo a fuerza de práctica. Nunca hizo un estudio sistemático de la música. “Ponía la grabación tantas veces como fuera necesario hasta que sacaba la música. Y después fue como todo. Una vez que vas conociendo el instrumento ya va saliendo solo”.

Tito se vinculó a partir de aquellas experiencias iniciales con otros músicos de Rawson y pasó a formar parte de los primeros grupos de la pequeña capital. “El primero fue el de Braulio Díaz. Estaban también “Coco” (Luis Ángel) Terraza en violín, “Micho” Terraza en piano y “Quito” Díaz. Tocábamos también mucho en el Club Brown de Puerto Madryn y allí también iba Daniel Aravena”.

“A las primeras actuaciones yo iba para hacerme en el conjunto. No cobraba ni nada. Hasta que agarré viaje. Le hacía la segunda voz. Braulio me pedía que no hiciera lo mismo que él. Me decía que no repitiera, para que no fuera todo igual. Esa es la orquestación. Así fui adaptándome. Cuando vio que avanzaba ya me dijo que iba a empezar a cobrar. Y hacíamos buena plata en aquel tiempo”.

Escenarios

Tito se ríe de aquellos momentos lejanos que lo llevó a escenarios de otros lugares de la zona. “Tocábamos en Gaiman, Dolavon, Puerto Madryn”, cuenta, pero se entusiasma más cuando se le pregunta por los locales de Rawson que lo tuvieron como participante.

Con su bandoneón recorrió varios lados, entre ellos el Tricolor, que funcionaba en el hoy Barrio San Pablo; el hotel de don Clemente Moreno; el famoso y concurrido Rancho de Club Atlético Germinal (construido por un director de la cárcel que fue presidente de la institución); el Camarón de Puerto Rawson y el salón de la viuda Bustos, en la intersección de Gregorio Mayo y Pueyrredón. “Alguna vez alquilamos este local, que se llamaba Tango Bar, con Anselmo Toledo para tocar”.

“Hago y me gusta todo. Tango, folklore, melódico. Y como tengo facilidad de oído también sigo a cualquiera que canta”, agrega, al momento de consultársele por sus preferencias personales como instrumentista.

Proyectos

A los 83 años sigue arrancando melodías a su bandoneón de siempre, aunque también se le anima un poco a la guitarra, y tiene muchas expectativas con la idea de actuar próximamente en el local vecinal del Area 12, su barrio. En ese lugar ya lo hizo con los mismos músicos del proyecto: Oscar Montero, en bajo y canto, y Marcelo Carrazza en batería. “La gente grande venía a bailar hasta de Trelew. Después paramos por el cambio de comisión y el problema de la seguridad”.

Sigue pensando también en los valores terapéuticos de la música. “A veces uno tiene momentos difíciles, como todos, pero empiezo con el bandoneón y me olvido un poco de lo malo”.

“Admiro a todos los bandoneonistas buenos, empezando por Aníbal Troilo, Rodolfo Mederos y Astor Piazzolla. Pero el que me gustaba mucho también era Rubén Juárez, que tocaba y cantaba”.

En las respuestas sobre sus preferencias personales incursiona también sobre músicos de otros rubros y tiempos. Y sorprende con palabras de admiración al rockero argentino Charly García, al que define como “un gran músico”.

Reconocimiento 

El 15 de septiembre de 2003, en coincidencia con el aniversario de Rawson, Ernesto “Tito” Coradini, recibió una distinción en el Concejo Deliberante junto a otros doce vecinos de la ciudad.

Las razones esgrimidas fueron las siguientes: “Es uno de los más antiguos músicos, y eximio ejecutante del bandoneón. A través de su música alegró innumerables fiestas familiares y populares no solamente en Rawson sino también en todo el Valle del Río Chubut”.

“Tal es así que en el ambiente artístico popular se lo ha denominado cariñosamente “el bandoneón mayor de Rawson”, abarcando en su trayectoria musical el tango propiamente dicho como también la música folclórica y danzas populares, como pasodobles, foxtrots, vals, etc. Hoy sigue presente en los escenarios capitalinos con el mismo entusiasmo y fuerza que en aquellos tiempos”. Aquellos fundamentos siguen vigentes diez años después.

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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