A 47 años de su muerte. CUANDO VIOLETA PARRA FUE PAMPEANA. Testimonios de sus olvidados días en General Pico.

Seis meses de 1961, hace más de cincuenta años, Violeta Parra vivió en General Pico (Provincia de La Pampa), un pueblo que la recibió ese escaso período y se transformó en escala de un viaje que uniría el Chile natal con Europa. La multifacética artista nacida en el sur de su país tenía más de cuarenta años y su volcánica creatividad ya había traspasado los límites originarios para llegar a Francia, Inglaterra y otros países. Su primer viaje a Europa había sido a Polonia en 1954 por una invitación a participar en el V Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes.

Violeta Parra

Violeta Parra

Su carrera como cantante y recopiladora de las tradiciones rítmicas chilenas, traducida en un premio como “la mejor folklorista del año” (1954),  se había consolidado en la década anterior. La exitosa actividad musical se había complementado con el circo, el baile el teatro y la radio. La familia Parra simbolizaba por aquellos años lo mejor del arte popular

Los años ’60 encuentran a Violeta saliendo de una severa hepatitis que la obliga al reposo absoluto. Y de ese período de inmovilidad forzada,  extraerá otras aptitudes artísticas. Apelará a los colores, a sus manos, a nuevos materiales. Se volcará a la pintura, la escultura de alambre y los bordados en arpillera que la consagrarán luego en el Museo del Louvre, convirtiéndola en la primera artista hispanoamericana en realizar una muestra individual en ese mítico espacio parisino.

De aquel período pampeano, cuando Violeta, a pesar de su reconocimiento internacional, todavía no había logrado la dimensión de popularidad que conseguiría con sus canciones,  surgen varios interrogantes. Aquella etapa de convivencia con los pampeanos, en su mayoría desconocedores de la proyección de esa figura, es apenas una escasa referencia en sus biografías más divulgadas.

Por qué y cómo llega Violeta Parra a este pueblo de la llanura pampeana?. Se saben las razones que la detuvieron allí, en un casi ignoto lugar de la Argentina, que en el censo nacional de 1960 había superado los 17.000 habitantes?. Llegó sola a esa jovencísima provincia que avanzaba con optimismo bajo la administración del doctor Ismael Amit? Cómo se conectó con la gente de ese lugar desconocido?.  Cómo era el entorno artístico-cultural que la motivó para permanecer seis meses?. Qué huellas habrán dejado sus actuaciones en la peña El Alero (un ámbito histórico de los músicos pampeanos) o el dictado de sus cursos de arte?. Quién era Joaquín Blaya, el jefe de la familia que la albergó y compartió aquellos días con ella?. Cómo fue su vida cotidiana? Dejó trascender su pensamiento sobre aquel pueblo y sus habitantes?.Por qué partió aquella mujer de aspecto campesino y una larga trenza que le llegaba a la cintura?. Recordó alguna vez aquella etapa?. Volvió?.

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Cristian Blaya. Con su tesoro. Una pintura realizada por la misma Violeta

Las incógnitas fueron planteadas a Cristián Sergio Blaya, alguien que en su infancia pampeana, en aquel pueblo que crecía, compartió sus días con la artista y tuvo con ella un diálogo directo a pesar de la diferencia de edad. Sus reflexiones constituyen un valioso aporte para iluminar aquel período que ha permanecido casi en penumbras al conocimiento de los innumerables admiradores de la chilena imperecedera.

“Esta es la primera entrevista que me hacen para recordar el paso de la Viola por La Pampa…Lo que cuento está en mi memoria tal cual es. Nunca quise contaminarla mediante la  verificación, porque sentía que debía hacerlo luego que alguien escribiera una primera historia. Coincidentemente me he contactado con Isabel, la hija de Violeta y cuando podamos juntarnos  rearmaremos la historia”, nos aclara el entrevistado conocido como “Tatán”.

La llegada

“Violeta llega a La Pampa porque le avisan que un hermano está preso. Creo que era

Violeta en la peña La Alero de Gral. Pico

Violeta en la peña La Alero de Gral. Pico

Roberto que se había radicado en Gral. Pico con sus dos hijos. Isabel me habla del tío Lalo, en lugar de Roberto,  tal vez el tema permita otra historia”.

“La cuestión es que Violeta llega con pocos recursos económicos. Y hace algo que  hacia  en Chile. Era una persona que exigía y de tocar timbre a los funcionarios o patear puertas. Mi padre era diputado provincial por el frondizismo y cuando ella llega a Pico, le dicen que quien la puede atender es Blaya”.

La historia comienza así en la voz de Cristián o “Tatán” como lo recuerda aquella ilustre huésped en una carta posterior remitida desde España, mientras exhibe cartas y pinturas que guardan con emoción de aquel período en su departamento en Buenos Aires.

“Violeta llega a mi casa de la calle 20 N° 753 un sábado o un domingo y toca timbre. Mi padre estaba (el resto de la semana permanecía en Santa Rosa) y la recibe. Mi casa siempre fue de puertas abiertas, en serio. Inclusive durante 25 años estuvo sin cerraduras. A toda la gente que venía se la recibía”.

Y relato continúa: “Violeta le plantea su problema. Mi padre tenía una hermana en Chile y, posiblemente, ello le dio más afinidad con la recién llegada de aquel país. Se ocupa y el resultado es como  corolario le dan la libertad para que regrese a Chile”.

“Es posible que Violeta se haya vuelto con ellos hasta Santiago con la ayuda económica de mi padre. No estaban en condiciones de afrontar ningún gasto. Y Violeta, que se había hecho amiga de mis padres, vuelve. Ellos le elogian mucho el trabajo artístico y se queda seis meses en mi casa de aquel año 1961”.

“Y qué hizo?. Violeta venía de un momento personal complicado. Se sentía poco reconocida en un país muy dividido entre los menos favorecidos y los más pudientes, entre quienes su discurso de izquierda despertaba muchas resistencias. Estamos hablando de principios de la década del ’60”.

Recuperar la vertical

Violeta con su guitarra.

Violeta con su guitarra.

Cristián Blaya cree que ella “recupera la vertical” en Pico, “porque descansa, se siente desestresada, pinta mucho” y corrobora su afirmación con una foto en la que está con ella en el comedor de su casa. “Casi un departamento de dos ambientes que tenía ocho por cinco metros. Ese comedor –describe- lo ocupa ella con sus pinturas, arpilleras, cerámicas. Ella ahí, con toda la luz que entraba por los ventanales del frente, trabaja y ahí parece que recupera fuerzas”.

Pero quién eran los Blaya?. “Mi papá Joaquín Octavio Blaya era un viajante porteño. Recorría la zona de La Pampa donde conoció a mi madre, Celia Petrelli, y se radicó allí como inspector de seguros de La Franco Argentina. Era primo de Oscar Alende. Trabajó en política y es electo diputado provincial en los comicios que lleva a Arturo Frondizi a la presidencia”.

“Era una persona de la cultura con muy buenas relaciones y apoyaba a todo aquel que viniera. De ahí que muchos pintores llegaron y pasaron por La Pampa. Mi casa estaba estratégicamente ubicada, en pleno centro, en la peatonal, frente a la Biblioteca Estrada, donde se hacían todas las exposiciones”, evoca Cristián.

“Recuerdo que una vez vino el pintor Alberto Greco, que después se suicidó en España. Venía en un camión donde traía todas sus pinturas. En Pico conoce a mi padre y planean una exposición abierta para la que se moviliza a todos los chicos de las escuelas primarias. Cortan la calle 20, ponen atriles, se proporcionan hojas y los chicos pintan. Aquello fue una experiencia muy buena. Los chicos en guardapolvos pintaban todos tirados por el suelo. Ellos se hicieron muy amigos. Por eso mi padre siempre recordó el llanto de Greco cuando se tuvo que ir”.

“Esa era la gente que venía. Antonio Berni estuvo varias veces. Nos hizo un retrato  a los hijos en el mismo comedor donde había trabajado Violeta Parra. Berni lo único que me pedía era que me quedara quieto cinco minutos. Yo era un privilegiado sin saber bien quienes eran”, continúa.

El gran salto

“Después de La Pampa Violeta se va a Buenos Aires. Nosotros la vinimos a ver una vez y tomamos una café con ella. Con algún éxito estaba actuando en radio con cierta llegada. Después se va a Europa y en Francia expone sus telares en el Museo del Louvre.

Por eso digo que La Pampa le permite recuperar la vertical y pegar el gran salto. E incluso todas las canciones más lindas y las que más me gustan (‘Gracias a la vida’, ‘Volver a los 17’), de las más de 180 que escribió ella, las hizo después de su paso por La Pampa. Ese triunfo del artista le permite volcar en canciones……después de ese período”.

“Mi padre siempre decía que  se sentía nombrado por Violeta  en la letra de “Gracias a la vida” en los versos que hablan de  “la casa tuya, tu calle y tu patio”. Su  cancionero es espectacular. Algunas piezas son temas universales, que trascienden cualquier barrera o idioma”.

La hora de la siesta

La casa de los Blaya tenía una terraza muy grande. “El sol entraba por la mañana al comedor, al que daba la pieza de Violeta. A la tarde el sol se volcaba en aquella terraza, en la que también trabajaba ella. Todo era un desorden de vitalidad y creatividad. Y yo estaba fascinado. De chico me metía en todo”.

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Cristian niño. Un diálogo imborrable con Violeta.

Cristián rememora aquellos días maravillosos. “Para que descansen mis padres yo tenía que dormir la siesta. Pero ella les decía: dejen  a mi Tatán conmigo. Se sentaba en el comedor y yo, acostado en el piso, ponía mi cabeza en sus piernas y la escuchaba toda la tarde tocar la guitarra. Componía, cantaba, tocaba la guitarra y yo escuchaba. Tengo la visión de estar acostado en el suelo escuchando verdaderos conciertos de Violeta”.

Con la gente

En el comedor escolar de la Calle 11 casi con la avenida, donde todos los chicos de las barriadas iban a comer antes o después de entrar a clases en la escuela primaria, Violeta hizo un curso de cerámica y, tal vez, de telar, durante varios días. “Ella trabajaba en las arpilleras con agujas y lanas. Recuerdo verlo lleno de mujeres ávidas de aprender”.

“En Pico estaba la peña El Alero que dirigía Juana Daunes de Alvarez,  la tía de Liliana Daunes, una persona muy querida en la familia nuestra,  vivía en la calle 17 y era muy amiga de mi tía Lucía, que fue directora de la 64, cuando era solo escuela de varones, y pintora”.

“El Alero era el centro cultural que había, por eso sus recitales en noches de peña se hicieron ahí. Hay imágenes en las que la gente de Pico la escucha con mucha atención, reveladora de que estaba acostumbrada a recibir cultura, a presenciar actos de cultura.

Cristián estima que “posiblemente se haya sentido muy revalorizada por todas esas cosas. Es probable que haya apreciado que allí su mensaje llegaba y despertaba interés en la gente, no se le recriminaba nada. Ella vivía una experiencia que era imposible en Chile. Allí nunca la hubiera recibido un diputado salvo que hubiera sido su amigo.

La partida

“No sé bien porque puso fin a su permanencia en Pico. En mi casa se la valoró por lo que era ella, por su potencial. Después vino el triunfo definitivo aunque creo que, aun, es

una figura que no está apreciada en lo que verdaderamente fue. Ahora, sin embargo, estoy notando un resurgimiento del interés por su obra. Después de su permanencia en Europa vuelve a Chile y pienso que todavía ahí no tiene un indiscutible reconocimiento”.

“Seguimos muy conectados por carta después que se fue. En febrero de 1963 le manda una desde España a mi madre”. Y allí aparecen en directo las expresiones de Violeta Parra sobre su enriquecedor paso por La Pampa. Allí lamenta “haber dejado el patio de mil colores” y recuerda a “los ojitos y los dientecitos de mi Tatán”

“Lloré mucho al partir. Tengo mucho que agradecer a La Pampa, La Pampa y los Blaya, La Pampa y el curso, La Pampa y el público, La Pampa y el pan de cada día. Grande es mi gratitud. Grande, grande, grande. Hasta pronto”, dice en su emotivo final.

El final

            El reencuentro no se produciría nunca. “Cuando Violeta se suicida estoy en Chile. Tendría entre 13 o 14 años. Mi tía era la dueña de Il Bosco, un mítico lugar que funcionaba en Alameda 867, con una confitería y un restaurante abierto muchos años las 24 horas del día por donde pasaban todos. En sus mesas escribió Pablo Neruda. Arrancaba a la mañana con los que iban a trabajar con todo el movimiento del centro. Estaba estratégicamente ubicado. Y seguía durante toda la noche con toda la gente de la bohemia chilena”.

“Aquella vez yo les pedí a mis tíos que me llevaran a ver a Violeta Parra a la carpa. Toda una semana lo hice para ver si se compadecían y me llevaban. Ella era resistida entonces en esos sectores. En esa espera me enteré de su suicidio”, relata Cristián Blaya.

Gracias a la vida

            Tras su etapa en General Pico, Violeta Parra se encontraría con sus hijos en Buenos Aires. Actuaría en la capital argentina y, de inmediato, se embarcaría rumbo a Europa. El reconocimiento a su figura se afianzaría en las capitales de aquel continente. En junio de 1965 regresaría a su país natal e instalaría su gran carpa en la comuna de La Reina. En ese mismo lugar se suicidaría el 5 de febrero de 1967. No había llegado todavía a los 50 años de edad. Uno antes había escrito “Gracias a la vida”, el himno que resumió su paso por este mundo.

Nació en el sur campesino de Chile y la vida le dio “la marcha de sus pies cansados”, dice en su canción. Con ellos anduvo por varios lugares: “ciudades y charcos, playas y desiertos, montañas y llanos. Y la casa tuya, tu calle y tu patio”. No es descabellado suponer que también haya pensado en La Pampa y en la gente con las que compartió sus días en General Pico cuando escribió estas palabras. Por eso esta búsqueda y estos recuerdos. La dimensión artística de su protagonista principal los hace imprescindibles para que no queden en el olvido.

(Esta nota se publicó en el suplemento LA GALERA del diario La Reforma de General Pico, Provincia de La Pampa. Su realización fue posible por la inestimable colaboración de Cristian Blaya, a quien pertenecen las imágenes principales que acompañan este texto. La publicación se produjo el 15 de agosto de 2010.)

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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2 respuestas a A 47 años de su muerte. CUANDO VIOLETA PARRA FUE PAMPEANA. Testimonios de sus olvidados días en General Pico.

  1. gcancino2911 dijo:

    Hola, Miguel:
    MI nombre es Guillermo Cancino, periodista e investigador chileno.
    Te cuento que estoy trabajando en un libro sobre Violeta Parra, por lo que me gustaría contactarte.
    Raúl Bertone, de La Galera, se comunicó conmigo y me dijo que tú mismo habías escrito el texto para el suplemento. Él también me ofreció ayuda para contactarte si es que no lees este mensaje.

    Quedo atento a tu respuesta.
    Un abrazo!
    mi mail es: g.cancino2911@gmail.com

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