HECTOR SOSA Y LOS TIEMPOS HEROICOS DE LA LUCHA SINDICAL EN CHUBUT. El origen de un gremio con raíces – El espíritu de los operarios de la campaña – El sindicalismo y sus enseñanzas – La mística recuperada con Aldo Griffiths.

Héctor Sosa. Protagonista del nacimiento del SiTraVich

Héctor Sosa. Protagonista del nacimiento del SiTraVich

“1972 había sido como todos los años anteriores hasta que una mañana, en nuestra oficina, apareció un obrero de la cuadrilla de Vialidad, con su gorrita en la mano. Los talleres ya estaban en el lugar de siempre, detrás del Ministerio de Economía. Aquel hombre me preguntó si yo no lo podía a ayudar a hacer un sindicato”.

El nombre de aquel obrero no es recordado hoy con precisión por el destinatario del pedido,  a más de cuarenta años del encuentro, aunque los testimonios incluidos en “Hacedores de caminos”, el libro de Mónica Gatica editado en 2007, informan que su apellido era Correa.

“Nunca le pregunté porqué vino a mí. Tal vez sería por mi pipa o porque siempre andaba con un libro”, aventura Héctor Sosa, protagonista de aquel momento que puso en marcha a uno de los gremios más reconocidos de la provincia: el Sindicato de Trabajadores de Vialidad del Chubut (SiTraVich).

El encuentro había sido en una oficina de  la primera sede propia de la Administración de Vialidad Provincial, en la intersección de Gregorio Mayo y San Martín, en Rawson, donde Sosa se desempeñaba como jefe de la División Dibujo y Cartografía.

“Aquel hombre me anunció que iban a hacer una reunión en la Cancha de Pelota a Paleta. Ahí se hacía todo. Y ahí fuimos con otros compañeros (Olsina, Bastida y otros muchachos). No teníamos la menor idea. Empezamos a buscar antecedentes, a leer la Constitución de la Provincia, a estudiar proyectos de estatutos”, recuerda hoy nuestro entrevistado en un extenso diálogo promovido por RAWSON VISION SEMANARIO con motivo de la celebración este 5 de octubre del Día del Trabajador Vial, en coincidencia con el Día del Camino.
Tiempos románticos
“Así arrancamos. Fue el 12 mayo de 1972.  A mí me eligen secretario general de una comisión provisoria hasta el llamado a elecciones, en el que quedé ratificado. A esa altura había comenzado a interiorizarme a más sobre este tema. Por aquellos años se conseguía mucha literatura sobre la historia del movimiento obrero. Comenzamos a introducirnos y así arrancamos. Recorrimos la provincia para hablar con el resto de la gente y armar el sindicato para canalizar los reclamos de tipo salarial y laboral de los viales. Los gastos corrían por nuestra cuenta”.

Héctor Sosa recuerda los orígenes románticos de aquel gremio que agrupó a los trabajadores de un organismo creado poco antes de convertirse Chubut en una nueva provincia y del que formó parte desde sus mismos comienzos, frente a un tablero y con un cajón de pescado como archivo de sus planos, en una oficina olvidada de la Casa de Gobierno.

El SitraVich sobresalió de inmediato como un gremio diferente por aquellos años agitados de principios de los ‘70 e hizo notar con firmeza y convicción  los reclamos salariales y laborales de sus afiliados con un entusiasta grupo encabezado por Héctor Sosa como líder. Su lucha no distinguió a los gobiernos e incluyó huelgas, grandes movilizaciones y tomas de las dependencias viales tanto a fines de 1972, durante un régimen militar como durante el gobierno posterior del peronista Benito Fernández.
Escuela de vida
“El hombre aprende en todos lados y de todos. Yo era un maníaco de la lectura antes del sindicalismo, que no decía malas palabras. Era otro hombre. Lo del sindicato que fue accidental, azaroso, me cambió. Después fui otro hombre”, admite hoy nuestro entrevistado durante la charla mantenida en su casa de siempre en Trelew. “Vivo aquí, en Roca al 1300 desde 1965, cuando por aquí no había nada”, dice.

“Con el sindicalismo aprendí muchas cosas. Fue una escuela de vida muy importante. Aprendí el valor de la conducta humana”, reflexiona y explica que, a su juicio, “las asambleas eran como clases de humanidad. Se veían todas las características del hombre: la traición, la lealtad, la honestidad, además de la gran participación de la mujer, con su fuerza tremenda y sin temores a nada, con valiosas intervenciones”.

“Descubrí que en todo grupo humano hay un traidor. Siempre hay, manifiesto o no. La traición está en la condición humana. Y el traidor es un débil. El fuerte no traiciona. Y no lo digo desde la fuerza física, sino desde fuerza moral que le permite decir el problema, enfrentarlo y decirlo sin miedo a quien sea. Por eso no traiciona. Puede pelearse, retirarse, enfrentarse pero no traicionar. El que lo hace es débil y, en consecuencia, como el mundo está lleno de débiles,  hay muchos traidores”.
Aldo y los viales

Héctor Sosa y Aldo Griffiths. La continuidad de un estilo.

Héctor Sosa y Aldo Griffiths. La continuidad de un estilo.

“El gremio vial tiene una significación especial por el trabajador de campaña. Es el que le da este espíritu tan especial, tan franco, tan guapo, sin olvidarnos de los otros sectores, que también lo comparten”, afirma al ser interrogado respecto de su visión sobre la actualidad laboral de los viales.

Y aquí no ahorra elogios para el actual secretario general del SiTraVich, Aldo Griffiths, recordándolo como “un muchacho veinteañero, chófer de campaña, un afiliado más” en aquellos primeros  años de lucha.

Recuerda también a su padre Abiah Griffiths, un chacarero que llegó a integrar el directorio del ente vial y que luego se convirtió en obrero integrando las cuadrillas que estuvieron en Península Valdés,  durante  la construcción de la ruta entre Puerto Madryn y Pirámides.

“Aldo es un hombre muy inteligente y muy profundo. Sigue siendo un obrero. No ha tenido estudios académicos. Sin embargo descubrió la importancia de las raíces y la mística del SiTraVich. El fue reflotando todo eso con mucha fuerza y con mucho temperamento. Le hizo recuperar un protagonismo hasta convertirlo, según mi criterio, en uno de los sindicatos más destacados de la realidad provincial”.

La conversión con Héctor Sosa puede seguir con múltiples temas. A los 74 años y rodeado de numerosas fotografías y cuadros, entre ellos algunos suyos de su paso por la actividad artística como dibujante, ha mantenido su gusto por la lectura y los libros y, en especial, por aquellos vinculados con la filosofía. También se ha animado a incursionar en Internet aunque se muestra muy crítico por algunos usos de las redes sociales.

Recuerda sus comienzos en Vialidad Provincial, sus duros diálogos con los gobernantes de turno, algunas ingratitudes del tiempo sindical, su prisión durante la época dictatorial posterior al golpe de 1976, su participación en la creación de la imagen de “Chubutín”, el personaje principal del recordado suplemento infantil del diario El Chubut y sus ilustraciones en los artículos y comentarios de la página 2 de la misma publicación. Pero esa es otra historia de su rica vida.

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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