MORENITO, EL QUE AYUDABA A LOS POBRES

“Clemente fue un adelantado a su tiempo. Había creado un lugar para nosotros y nosotros estábamos felices. Jugábamos al fútbol, al billar, al metegol y otros pasatiempos de antes. Y a la noche íbamos a disfrutar de los bailes. Tocaban Tito Coradini, Anselmo Toledo y otros músicos de Rawson”.

Angelito González recuerda con estas palabras a don Clemente Moreno, el recordado dueño del viejo Hotel París, con antiguas historias de esplendor e importantes viajeros de décadas pasadas, en la intersección de Moreno y Pedro Martínez de Rawson, exactamente a una cuadra del otro bar popular de la ciudad.

Clemente, “un hombre al que aprecié mucho”, recuerda Angelito, fundó a mediados de los ’50 el Club Olimpo y desde allí organizó equipos de fútbol, carreras de bicicletas, atletismo, boxeo y un ámbito de diversión para la gente, “al que concurrían los sectores más humildes de la comunidad: mujeres que trabajaban en la pesca, los peones de albañil, los obreros”.

“Nos dolía mucho cuando nos decían que éramos del ‘Gato Negro’, nombre burlón que la gente ‘bien’ le había puesto, como si ir a bailar allí, a divertirse, fuera de seres inferiores o un pecado. En realidad, servía para discriminarnos y, a veces, peleábamos por esa cuestión y volaban algunos sopapos y gritos”. Calle por medio estaba la sede social de Germinal, el otro club de los amores de Rawson

Sin embargo, “la muchachada no entendió a Clemente. No lo comprendimos y los dejamos solo, sin ayudarlo en los trabajos para mantener aquel lugar desde la comisión”, se lamenta hoy Angelito, en la evocación de su amigo ya fallecido.

“Además de un adelantado fue un hombre muy generoso. La gente humilde, a la que tanto ayudó, lo conocía directamente como Morenito. He escuchado muchísimas veces ese nombre cuando le sucedía alguna desgracia a un pobre. Y hablo de hace más de cincuenta años”.

“En Rawson había pocos automóviles. Cuando había necesidad de trasladar a un enfermo pobre, que no podía caminar ni pagar hasta el hospital desde algún barrio, se recurría a Morenito. Y Morenito dejaba de hacer lo que estaba haciendo, iba con su auto y hacía lo que había que hacer”.

“Lo mismo pasaba cuando la gente, que no podía pagar, se moría (y era lo peor que le podía suceder a uno). Quién pagaba?. Morenito, un hombre muy bueno. Por eso yo lo admiré y lo respeté siempre. Era radical confeso. Hasta creo que alguna vez vino Ricardo Balbín a Rawson y estuvo en su hotel pero siempre estaba rodeado de gente peronista”.

Aquel hombre, admirado y respetado por Ángel González, murió en mayo de 1997. Su nombre quedó inscripto en la memoria de Rawson por su militancia partidaria en el radicalismo, su trabajo de promoción del deporte y la atención de un bar al que se intentó estamparle un nombre despectivo, pero, fundamentalmente, porque ayudó siempre a los más necesitados.

Clemente Moreno

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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