EL RULO (de Historias de la Casa Vieja)

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El pequeño rulo de cabello llegó en un llamativo y dorado camafeo que se atesoró durante décadas en el antiguo escritorio con tapa tipo persiana, con muchos cajoncitos llenos de misterio y curiosidad para los chicos de la casa.

Por aquellos años era común regalar algo muy personalísimo como prueba de amistad y reconocimiento. Y así había llegado a la familia Alsúa en una de las espaciadas pero periódicas visitas realizadas por otra familia, de la zona de Camarones, que de tanto en tanto llegaba a su vivienda levantada a orillas del río Chubut, en Rawson.

Juana había sumado nuevo hijo hacía unos años y en agradecimiento a “Baby”, la esposa de don Justo, el dueño de casa, entregó el presente que se aceptó y preservó con gusto y admiración por la felicidad compartida.

El nombre de “Baby” era Myfanwy y se había convertido en la cuarta hija de Elizabeht Harriet Adams y Morris Humphreys, pasajeros del Mimosa que habían llegado el 28 de julio de 1865 a las playas de Golfo Nuevo, inaugurando la presencia galesa en estas tierras patagónicas.

Su hermana María había llegado al mundo a los pocos días de aquel desembarco. Después seguirían los restantes hijos del matrimonio: Eduardo, Mauricio, Luis, Guillermo, Elisabeth (fallecida a poco de nacer) y la misma Myfanwy, que en 1899 contrajo matrimonio con un joven entrerriano, Justo Alsúa.

Por aquellos tiempos se entabló la relación con la familia de las proximidades de Camarones. También en 1899, el esposo de Juana había tomado la decisión de trasladarse a la Patagonia desde la zona de Lobos y después de varias peripecias se había asentado con su familia, que incluía a sus dos pequeños hijos, en Cabo Raso.

Seguramente las necesidades comunes, la incomunicación y la soledad obligaron a la búsqueda de contacto y diálogo. Y así sucedió que en una de aquellas permanentes visitas a la casa de los Alsúa, Juana fue portadora de una tarjeta de saludo con aquel medallón de metal con un rulo de su hijo más pequeño.

Baby lo cuidó como propio y transmitió a sus cinco hijos la necesidad de respetar y preservar aquel amoroso regalo de una madre, exhibiéndolo a los visitantes como una prueba de amistad pero manteniéndolo bajo llave en un secreter donde se guardaban los tesoros y los afectos familiares más queridos.

Los años pasaron y llegó el tiempo en que la cárcel de Rawson recibió a los militares rebeldes al gobierno peronista. Con ellos, irremediablemente, llegaron las mujeres de los prisioneros que recibieron cobijo en aquella misma casona que atesoraba el pequeño estuche dorado con el rulo infantil.

Aquella historia provocó muchos comentarios entre las visitantes, en especial por el protagonista que unía las vidas de todos a la distancia. Entre bromas y risas se deslizó la idea de utilizar aquel pequeño rizo para castigar al hombre que provocaba el dolor y la incertidumbre a sus familias y lograr la liberación de sus maridos.

Felisita, una de las hijas menores de la familia Alsúa, tuvo entonces un gesto impensado y, ante una posibilidad de esa naturaleza, resguardó aún más aquella muestra del amor de una madre que hacía muchos años había entregado una parte de su hijo en ofrenda de amistad.

Aunque Felisita, seguidora del mandato de su madre, cuidó al precioso camafeo con mayor firmeza, la historia se pierde luego entre incertidumbres y olvidos. No se puede afirmar con certeza lo ocurrido luego con aquel tesoro y entre las presunciones están el hurto, la confusión provocada por mudanzas apuradas o el olvido en algún cajón que todavía hoy lo protege.

Lo real es que hoy el medallón con el rulo de aquel niño que, seguramente también transitó los patios y las salas de la vieja casona de los Alsúa, se encuentra extraviado. Se malogró así una oportunidad de contar con un testimonio material de una particular historia ligada al pasado de la ciudad, aunque todavía persisten las esperanzas de hallarlo en algún vericueto inesperado.

El protagonista principal de esta historia era Juan Domingo Perón, presidente luego de la Argentina en tres oportunidades. Su rulo, aprisionado en aquel guardapelo inapreciable, se diluyó, por ahora, entre las brumas del pasado pero su historia, guardada en la memoria, quedará como prueba de la especial relación que existió entre Rawson y aquel hombre de nuestra historia.

(Texto elaborado en base al relato oral de Leticia Albanía

de Arévalo durante una mañana de domingo en Rawson)

Miguel Machesich

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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