A dos años de su muerte. EN MEMORIA DE UNA MUJER IRREPETIBLE. Adiós a la Hermana María Cristina Novillo (Publicado Diario El Chubut, 22/11/2009)

La noticia de su partida en la tarde del pasado miércoles nos conmovió profundamente. La razón es muy simple y sencilla: para aquellos que tuvimos la dicha de conocerla, la hermana María Cristina Novillo fue un ser irrepetible y mágico que vivió casi en silencio en Chubut durante cincuenta años pero que cumplió una labor social incomparable, de la que dan cuenta los pobladores de Gualjaina y su zona de influencia.
Hasta este apartado lugar de la geografía del Chubut llegó como religiosa entonces joven, nacida en Tucumán, perteneciente a la Congregación de las Siervas de María de Anglet, que un día decidió enrollar su típico vestido de monja y se puso a trabajar por los demás.

María Cristina había nacido el 26 de enero de 1922 en Tafí Viejo, provincia de Tucumán. Hija de un médico ferroviario, vivió con su familia en Salta, Jujuy, Córdoba, San Juan, Catamarca y Buenos Aires. En 1943 se recibió de maestra en el Colegio Euckalechea de Llavallol.

En 1944 ingresó al Convento de las Siervas de María de Anglet, congregación vascofrancesa a la cual pertenece desde entonces.

Desde 1956, la religiosa trabajó en forma itinerante en la zona de Paso del Sapo, Piedra Parada, Cañadón Grande y Costa de Gualjaina. En 1973, y luego de la construcción de la Capilla Virgen de la Medalla Milagrosa y de un Centro de Capacitación, a través de Misiones Rurales Argentina, fijó su residencia en forma estable en la localidad de Gualjaina.

En 1999 recibió la distinción «Mujer Destacada en el Ambito Nacional», reconocimiento realizado por la Cámara de Diputados de la Nación.

Todos los años desde fines de la década del ’60, la hermana María Cristina -plena de humor y firmeza- fue una presencia protectora para cientos de habitantes de la amplia zona que rodea a Gualjaina.

Paso del Sapo, Piedra Parada, Cañadón Grande, Fofo Cahuel, El Mirador, Costa del Lepá, Costa del Chubut, Sierras del Gualjaina fueron lugares que recibieron su ayuda material, su consuelo y su servicio. Todos los años, también, la hermana María Cristina movilizó a otros grupos en Buenos Aires y desde el Colegio Euskal Echea de Lavallol fue infatigable en la búsqueda de aportes para los habitantes del sur.

«Nuestra labor es cultural, social y religiosa. No nos limitamos únicamente a enseñar a rezar. Lo hacemos sí, porque el hombre tiene que aferrarse a la fortaleza de su padre que es Dios, pero para formar al niño, al hombre, lo educamos desde todos los puntos de vista: el amor al trabajo, el respeto, la honestidad, la decencia, la verdad, a corrección, la fraternidad. Eso es lo que inculcamos a los niños y a sus padres cuando todos los veranos visitamos casa por casa», había dicho en una de las pocas entrevistas que concedió a lo largo de su extenso apostolado.

«Cuando llegué -recordó alguna vez la hermana María Cristina- no había ni siquiera huellas, únicamente senderos. No había puentes ni pasarelas. Había que vadear el río a caballo por pasos diferentes. Algunas veces cruzamos también en camioncitos a ‘bigote’, en cacharritos que había que empujar seguido. Se viajaba en lo que se podía», recordó.

Su inconfundible tonada tucumana fue conocida por todos los gobernantes que pasaron por Gualjaina. María Cristina fue infatigable e implacable en sus gestiones para los demás.

Sus periódicas recorridas la hicieron una profunda conocedora de las necesidades e inquietudes de la gente y la transformaron en una intermediaria firme para que aquellos no olviden a los que menos tienen.
La figura inconfundible de la religiosa, con su vestido azul y su cofia de monja, está asociada a un pequeño pero aguantador automóvil que manejó durante muchos años a través de los difíciles caminos de la Patagonia.

En aquel viejo pero fiel Renault 6 azul -en los últimos años reemplazado por una unidad 0 Km.- desarrolló buena parte de su trabajo misional: llevando algún enfermo a Esquel, consiguiendo algún remedio, ayudando a alguna familia aislada, llevando alimentos a parajes alejados, siendo, en definitiva, un complemento ineludible de su trabajo al servicio de los demás.
En enero próximo iba a cumplir 88 años y hasta el final cumplió la tarea que se impuso por los demás. La tierra de Gualjaina la guardará de aquí en más. Así lo quería y lo había expresado siempre. Sus restos fueron inhumados en la tarde de ayer en el cementerio de la localidad, con el acompañamiento y el dolor de quienes la amaron.
En nombre de todos los que supieron de su obra y compartieron algún momento de su comprometida vida, queremos expresar nuestro reconocimiento por su fecundo paso por esta vida.

Gracias María Cristina por haberte conocido, gracias por habernos transmitido una lección de vida, gracias por tu inagotable alegría, gracias por haber desdeñado los homenajes, gracias por preferir la continuidad del trabajo, gracias por haber pensado siempre en los demás. Fuiste una mujer única y ejemplar y por eso te recordaremos siempre. (T. Freites – M. Machesich).

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Acerca de La Luciérnaga Curiosa

Personajes, paisajes y hechos que han dejado huellas en este tiempo que me ha tocado vivir.
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2 respuestas a A dos años de su muerte. EN MEMORIA DE UNA MUJER IRREPETIBLE. Adiós a la Hermana María Cristina Novillo (Publicado Diario El Chubut, 22/11/2009)

  1. Hola, quiero contactarme para recabar información sobre la Hermana a fin de poder hacer una investigación periodística. Se podrán comunicar conmigo?

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